GONZALO GUERRERO, ANOTACIONES

ENTRE LA HISTORIA Y EL MITO

 

Publicado en: ESTUDIOS DEL HOMBRE 2 (1995:pp. 75-98) (México:Universidad de Guadalajara), (Ricardo Ávila y Servando Ortoll, coordinadores).

 

Salvador Campos Jara (1)

PRESENTACION

"Conocí" a Gonzalo Guerrero en el otoño de 1993. Eran los interminables días en que preparaba un viaje a México, y me había dado a la lectura de una vieja edición de la Historia Verdadera... de Bernal Díaz del Castillo que me prestaron en la Casa de la Cultura de mi Huelva natal.

Allí estaban ya entonces las mismas palabras que luego habría de ver tan citadas y aludidas, en el momento en que Hernán Cortés -arrumbando al imperio azteca- recala en la isla de Cozumel y recoge al náufrago Jerónimo de Aguilar, quien diera cuenta de un extraño personaje:

[se llamaba] Gonzalo Guerrero, y dijo [Jerónimo de Aguilar] que estaba casado y tenía tres hijos, y que tenía labrada la cara y horadadas las orejas y el bezo de abajo, y que era hombre de la mar, de Palos, y que los indios le tienen por esforzado; y que había poco másde un año que cuando vinieron a la punta de Cotoche un capitán con tres navíos (parece ser fueron cuando vinimos los de Francisco Hernández de Córdoba) que él fue inventor que nos diesen la guerra que nos dieron, y que vino él allí juntamente con un cacique de un gran pueblo.(2)

Estas líneas -y el más famoso diálogo entre Guerrero y Aguilar en que este último se niega a unirse a la armada cortesiana, y que ha referido un poco antes Bernal- contenían entonces toda una serie de elementos que atraparon mi interés haciéndome albergar la idea de investigar, en ese viaje que iniciaba, sobre la vida de tan atípico español. Así que, a mi vez, "crucé el charco" con aquel paisano un poco como desconocido polizón en el equipaje: intuía quizás que de alguna manera me iba a guiar por las tierras mexicanas, que siguiendo su huella iba a conocer lugares, paisajes, gentes... Quería formar un proyecto y poder optar a algún apoyo económico (mai troppo grande) con que estimular un traído gusto por las labores de estudio y creación y que, en ese momento, se centraría en tan magnético personaje histórico.

La primera etapa de búsqueda de fuentes en que visité bibliotecas en la ciudad de México, Morelia y Pátzcuaro, Michoacán, y Colima (lugares estos alejados de Yucatán) estuvo empeñada en la recolección de datos poco exhaustivos ni numerosos con que poder armar el naciente proyecto. Los que encontré entonces sobre Gonzalo Guerrero eran de naturaleza diversa y, aunque sí venían a coincidir en lo básico, ya dejaban traslucir la niebla en que se teje el misterio histórico de aquel español de inicios del siglo XVI. Debo aclarar que, como mi proyecto era el de escribir una novela sobre Guerrero, no me fue imprescindible en un principio la exactitud en lo referente a los datos históricos (de hecho era algo de lo que "prometía" en el proyecto). Consulté algunas crónicas de Indias e historias de Yucatán, además de un curioso libro que refería unas supuestas "Memorias de Gonzalo Guerrero", en manos al parecer de un coleccionista privado de la ciudad de México.(3)

Por fin, en febrero de 1994 conformé el susodicho proyecto "El hijo de los alacranes", que luego me becarían para un trabajo de novela sobre aquel español.

A partir de ahí, y como uno de los propósitos del trabajo era la investigación lo más profunda y exhaustiva posible de las informaciones históricas, emprendí una segunda etapa de mayor documentación, en la que, cada ventana que abría me colocaba ante nuevos horizontes de información y lectura. Aquella niebla que antes había alcanzado sólo a vislumbrar se espesaba con el avance en el estudio. En noviembre de 1994 viajé a Yucatán, escenario de los hechos, fuente física, contexto. De paso, había buscado algunos títulos en la Biblioteca Nacional de México (no hallados finalmente), y llegaba (al fin) a Mérida con un proyecto un poco madurado, algunas preguntas claras en mente y, sobre todo, con la ilusión de encontrar nuevas informaciones útiles para mi trabajo. Y, Oh Azar, así iba a ser.

Tras visitar la bella y recientemente abierta Biblioteca de la Universidad de Yucatán, -donde hallé dos curiosas novelas locales que implican a Guerrero(4)- me dirigí a la Facultad de Ciencias Antropológicas y Sociales, donde pude saber que hacía quince días (!) se había publicado un documento de 1725, escrito por un franciscano que dice estar recogiendo unas memorias de Gonzalo Guerrero.(5) Estas memorias, este documento, además de estar relacionado con el que ya conocía de México(6) daba una visión histórica nueva del personaje y, sobre todo, aportaba una carretada mayor de confusión a los datos ya de por sí escasos, marginales y misteriosos sobre Gonzalo Guerrero. En cuanto a las fuentes que el autor emplea para confeccionar la parte de su historia -amplia por lo demás- que se refiere a Gonzalo Guerrero, nos dicen los editores del documento:

En primer lugar, es posible que efectivamente hubieran existido escritos que durante los siglos XVI y XVII fueron atribuídos a Guerrero, rescatados por los franciscanos de manos indígenas y que [luego se perdieron]. En segundo lugar hay que considerar la posibilidad de escritos hechos sobre Gonzalo Guerrero por los misioneros e hijos de conquistadores en la segunda mitad del siglo XVI, con base en interrogatorios, documentos de la Conquista y de la tradición oral tanto indígena como española. En tercer lugar, es indispensable considerar la posibilidad que el autor haya utilizado una figura mítica, como un pretexto para escribir una historia de los mayas en el espíritu criollo. Lo más probable es que las tres alternativas estén en las fuentes del fraile.(7)

De esta manera algo nuevo estaba empezando a consolidarse en mi visión de aquel intrigante hispano: la existencia de una vitalidad mítica alrededor de su figura, una vitalidad mítica que robaba terreno a la frialdad definitiva y definitoria que yo husmeaba en las fuentes históricas, con la intención, como he dicho, de trazar los rasgos históricos del personaje de mi novela.

El presente trabajo constituye un resultado adyacente de mi proyecto becado e incluye, primero, una estructuración de los datos recopilados en las fuentes históricas, que se hará analizando la perspectiva en que se producen las informaciones sobre Guerrero; como neblinosa base histórica de datos sobre la que incide, segundo, una vitalidad mítica diversa cuyos elementos, y de eso sólo me percataría luego, ya en suelo mexicano, se encuentran de una forma antológica en el citado Bernal Díaz, por un lado, y que, por otro, se manifiesta en una significativa actualidad que veremos adelante.

A punto de hacer caja con lo investigado tras un año largo, confío en que se tenga en cuenta que las argumentaciones que muestro en este trabajo son eminentemente provisionales y tentativas, a menudo espoleadas por un deseo de llegar más adentro con el farol del análisis, quizás atrevidamente, pero persuadido por el afán de abrir con la palabra senderos para el conocimiento de aquel egregio tránsfuga que fue Gonzalo Guerrero.(8)

EN LA HUELLA

Mi último contacto con la "Historia de Indias" había sido un par de años antes en la clase de Literatura Hispanoamericana de la licenciatura en letras de la Universidad de Granada, España. En los Bernal, Fernández de Oviedo, Gómara, Cabeza de Vaca, etc. estudiábamos los rasgos que se traslucían de toda una tradición literaria a la que ellos no eran ajenos, los problemas de lo real y lo maravilloso, relatos en los que a veces apenas puede cribarse la realidad de los hechos del torrente de la ficción emocionada, la verdad histórica de las trampas de la memoria y la fantasía. No sin maestría se ha dicho a propósito que

la América que hoy ha sido descrita por Miguel Angel Asturias y Pablo Neruda, por Alejo Carpentier y Octavio Paz, por Gabriel García Márquez y Ernesto Cardenal, por Joâo Guimaraes Rosa y Joâo Cabral de Melo, tiene sus laberínticas raíces en estos libros de crónica y magia, de historia y leyenda, de biografía y hagiografía.

Realidad y ficción, todo es uno en este largo diálogo [de culturas].(9)

Efectivamente, tratábamos en el aula de medir el grado en que los que los Cronistas de Indias ocupan el decanato en las letras después llamadas hispanoamericanas, qué mitos europeos, judaicos, mediterráneos hallaban proyección en sus plumas, cómo se introduce y consolida la tradición cultural greco-latina, etcétera.

Pero mi propósito ahora era casi el inverso: cribar de las fuentes concretos datos históricos sobre caracteres del personaje histórico (su origen, su oficio, su beneficio, su muerte) que esperaba corroborar lo más invariablemente posible en el extracto del estudio: aunque el fin iba a ser "literario" y no "científico", quería indagar los aspectos lo más fielmente posible apegados a la realidad histórica, esbozar, en suma, un perfil histórico. Como anuncio, este perfil habría de emborronarse con la velocidad con que yo fuera profundizando teniendo que llegar a veces a la fuente original, en las a menudo crípticas fuentes. He querido incluir aquí un análisis de las condiciones originales en que se producen las informaciones sobre Gonzalo Guerrero, deteniéndome tanto en Jerónimo de Aguilar, a quien debemos el conocimiento de "otro" superviviente de cierto naufragio, como en datos que difuminan su figura ocultándola en el sentido que veremos y, también, presentando y contrastando los recientes hallazgos sobre Guerrero con los datos primigenios.

Pero antes contemos un poco la historia: Año de 1511. Mientras Erasmo de Rotterdam publica su Elogio de la Locura, y Cortés y Velázquez ultiman la conquista-colonización de Cuba, Vasco Núñez de Balboa asola a mandobles las tierras del istmo de Panamá. Busca oro y noticias sobre la "otra mar" y, ya que tiene algo y ha llegado el funcionario Valdivia en una carabela, envía rápidamente a éste a La Española a darle razón y parte de sus andanzas al entonces mandamás de las Indias, el Almirante Diego Colón. Este viaje, en el inicio de nuestra historia, no podría sino estar maldito:

[Y] atajó Dios los pasos a Valdivia, y a los demás dio a entender [...] las obras que hacía de ser dignas de todo fuego eterno, por que embarcado [...] se hundió con su oro y con sus nuevas en unos bajos [...]que se llaman Las Víboras.(10)

Sea quizás Dios mismo quien, tras el naufragio, sopla y empuja un batel cargado con un puñado de supervivientes hasta las costas de Yucatán.(11)

Allí, maltrechos de naufragar, son inmediatamente capturados por indios que, antes de preguntar, sacrifican y devoran ante sus ídolos a unos cuantos de los hispanos, entre ellos al capitán, el extremeño Juan de Valdivia. Los otros van a las jaulas en espera de otro banquete pero, buscando mejor muerte, logran huir.

Ocho años más tarde, Hernán Cortés espera en Cozumel. Ciertamente trae instrucciones de ir,

por la costa de la isla de Yucatán Santa María de los Remedios, donde están unos cristianos en poder de unos caciques a quienes dice conocer Melchor [indio maya tomado como prisionero en la expedición de Fernández de Córdoba en 1517].(12)

Ciertos indios se han llevado mensajes y rescates (las habituales baratijas que ofrecían los españoles) para aquellos cautivos compatriotas, que tan útiles podían serle al conquistador extremeño. Este, sin embargo, apresurado y contrariado, enfila la proa hacia México, tras cumplirse el plazo acordado de espera. Pero hace agua la nave en que viajaba el pan cazabe (nada menos) y la armada se regresa a la isla para, entonces sí, ver aparecer al que sería su intérprete, el fraile ecijano Jerónimo de Aguilar, en un pasaje que es buena muestra de la vivacidad del estilo de Bernal, en su Historia Verdadera de la Conquista de Nueva España. Aguilar, heróico defensor de su castidad, ha permanecido como esclavo, pero ha ganado el respeto del cacique de la tribu donde quedó. El otro superviviente en cambio, se las ingenió de modo diverso, como hemos visto. El hecho importante a destacar ahora es que aquel suceso, tenido como providencial por los españoles, de que se estropeara la nave y se vieran obligados a regresar, no lo es menos para nosotros que sólo gracias a los relatos del ecijano reclutado hemos podido saber de la existencia de Gonzalo Guerrero, el renegado que ganara fama entre los indígenas de un cacicazgo de Yucatán.(13)

I

Como he dicho, Jerónimo de Aguilar es pieza fundamental para el conocimiento de Guerrero. Esto, no sólo en lo referido a sus testimonios de cuando es rescatado, sino también porque de él proviene el conocimiento que sobre Guerrero tuviera el que luego sería Adelantado de Yucatán, el salmantino Francisco de Montejo. Éste,


había conversado con Aguilar durante las primeras etapas de la conquista de México [sabía] que Guerrero se hallaba en Chetumal, y resolvió tratar de ganarlo para sus estandartes. (14)

De esta manera, la otra referencia que sobre Guerrero hallamos en los cronistas(15), la de la negativa de aquel a unirse a la expedición de Montejo, proviene, como la de Bernal, Gómara etc., de las informaciones de Aguilar: sólo por él supieron los españoles entonces, y la memoria escrita de los hechos, la Historia, después, de la existencia de un español entre los "salvajes" de aquellas tierras. Seguramente, sin aquel providencial incidente de Cozumel, en 1519, nunca habríamos sabido nada de alguien como Gonzalo Guerrero.

Y precisamente porque Jerónimo de Aguilar tiene tan especial importancia en el conocimiento de Guerrero, llama bastante la atención .

Aguilar se tuvo ciertamente como buen cristiano, que, incluso, había conservado del naufragio un libro de horas en que seguía las fiestas, no en vano era ordenado de evangelios. Se advierte en las informaciones históricas un marcado antagonismo entre Guerrero y "el acusica de Aguilar (empeñado en que no le confundiesen con el renegado de su excompañero)".(16) Incluso historiadores como Cervantes de Salazar, Cogolludo, Herrera y Molina Solís hablan de una prueba de castidad que le pusiera el cacique y el español superara.(17) Cierta apacible noche mandó el cacique a pescar al español, como solía, pero esta vez iría acompañado, nada menos que por un bomboncito núbil de la tribu, el diablo en persona, una jovencita de unos 14 años y debidamente instruida para tentar a aquel pobre desgraciado. No lo consigue y Aguilar gana el puesto de guardián del harén del cacique, con lo que obtiene renovadas consideraciones. Estas se las había granjeado también como militar en campañas locales de su jefe, como relatan otros historiadores.(18) Seguramente fue el papel importante que Aguilar jugaría en la conquista (como traductor con la Malinche) lo que hizo que su figura poco a poco fuera ganando algo de prestigio en las plumas de los historiadores, sobre todo con unas características opuestas a las de Guerrero, a quien se le recrimina su barraganía y participacionismo pro-indígena. Sin embargo, este casto a ultranza, más tarde,

cuando anduvo con Cortés en la conquista de México, tuvo dos hijos naturales en una india principal, llamada doña Elvira Toznenitzin [...]. Por último murió de bubas, mal venéreo, pocos años después de tomada la ciudad de México por los españoles.(19)

Parece ser que murió pronto, antes de 1524, y que, además, no dejó relación escrita alguna sobre su vida y andanzas.(20) Lo más curioso, sin embargo, alrededor de Jerónimo de Aguilar viene de una fuente indígena, la Crónica de Chac-Xulub-Chen, donde puede verse que los mayas se acordaban de nuestro fraile: "Nuestra tierra fue descubierta, a saber, por Jerónimo de Aguilar, quien, a saber, tuvo por suegro [sic] a Ah Naum Ah Pot, en Cozumel, en 1517".(21)

Y veamos lo que comenta el traductor de la crónica en la nota que lleva esa información:

Este empeño de Aguilar [en conservar incólume su condición religiosa que le obligaba a la castidad] es muy sopechoso y lo más probable fuese que, lejos de la sociedad ante la cual estaba precisado a guardar las apariencias de castidad que su voto le imponía, fundase, como Guerrero, familia, nada menos que con una hija del cacique a la que desamparó al tener noticia de la llegada de Cortés.(22)

Ante estas informaciones, como es obvio, se cuestiona la tan subrayada castidad en primer lugar y, por extensión, igualmente, podemos cuestionar en un sentido las otras informaciones que aporta. De la misma manera que no hay acuerdo entre los cronistas a la hora de sentarse, en el momento en que los busca Cortés, si Aguilar fue o no a avisar a Guerrero,(23) creo que se puede sentar otro terreno para la especulación a la vista de lo citado arriba. Como vimos al inicio, Aguilar a través de Bernal dijo que Guerrero había sido el "inventor" de que los indios diesen el vapuleo que dieron a la armada de Hernández de Córdoba, en la bella bahía de la Mala Pelea. Esta acusación, puesta en duda por varios historiadores, da una idea de esa insistencia de Jerónimo de Aguilar en que no se le confundiera con su compañero de infortunios. Pero, ¿no podía ser que el que hubiera tenido algo que ver en tan sonada derrota hispana fuese no Gonzalo Guerrero, quien vivía lejos de Champotón sino el propio Jerónimo de Aguilar, que incluso había visto los navíos? Hay que recordar que los relatos de Cervantes de Salazar y Molina Solís donde vemos a Jerónimo de Aguilar hacer sus pinitos en asuntos de guerra con los de su vecindario, ¿no estaría quizás entonces ocultando su propia implicación en la hostilidad maya, subrayando per negationem la de Guerrero, de la misma manera que deja bien sentado que Guerrero tiene varios hijos, como es posible que tenga él y lo oculta?


NOTAS

1. * Termino este trabajo como organización, algo apremiante, de los datos rastreados en las fuentes históricas más importantes de las disponibles sobre el español Gonzalo Guerrero, entre los mayas de Yucatán a principios del XVI, y protagonista de mi proyecto de novela "El hijo de los alacranes", becado por el Ministerio de Cultura español, y con un plazo de un año culminante el próximo otoño. Altagracia Martínez, con constante paciencia y amabilidad, capturó el texto.

2. 1 Bernal Díaz del Castillo, Historia de la Conquista de Nueva España, (México, Ed. Porrúa, 1986),pp. 43-49, esp. 47.

3. 2 Se trata de Gonzalo Guerrero, padre del mestizaje iberomexicano, (México, Ed. Jus, 1975) en que el periodista de El Universal Mario Aguirre Rosas "presenta" unas pieles de venado, junto con otros papeles, que contienen unas supuestas "Memorias de Gonzalo Guerrero". Este documento habría estado en poder de los mayas hasta 1935, en que pasó a un coleccionista del D.F. Lo más interesante, sin embargo ocurriría luego, al conocer otro documento del siglo XVIII que aludía asímismo a pieles y papeles con escrituras de Guerrero.

4. 3 José Beltrán Pérez, Ocho años entre salvajes, (Mérida, Club del libro yucateco, 1970), y Benjamín López Martínez, Rutas extraviadas; cuento macabro de ensayo mayista (Mérida, Club del libro yucateco, 1949).

5. 4 El documento, en su mayor parte, contiene un relato de Gonzalo Guerrero en primera persona, interrumpido frecuentemente por acotaciones aclarativas del franciscano que, a menudo, alude a la dificultad de leer las pieles y a otros "papeles e historias mal llevadas y peor traydas" sobre Guerrero, fundamentalmente en Mérida, Yucatán, como nudo importante de las comunicaciones en la zona. Fue hallado por Pedro Bracamonte y Sosa en el archivo de CONDUMEX, en el Distrito Federal, en 1994. En noviembre de ese año publica: Fray Joseph de San Buenaventura Historias de la Conquista del Mayab, 1511-1697, edición, introducción, paleografía y notas de Pedro Bracamonte y Sosa y Gabriela Solís Robleda (Mérida, Universidad Autónoma de Yucatán, 1994).

6. 5 La relación entre estos dos juegos de pieles y papeles en ambos casos "sólo" aludidos es uno más de los terrenos fértiles para la especulación imaginante. Diré sólo que así son caprichosas a veces las diferencias (por ejemplo el número de náufragos: 21 para Aguirre, 19 para Fray San Buenaventura; o vacilaciones en los nombres de éstos: Amésquita por Amezcua, Roiz por Ruiz, Arrollave por Arrollo, Roeda por Roda) como desconcertantes En relación a las fuentes conocidas las coincidencias (en ambas, Gonzalo Guerrero se identifica como extremeño de Badajoz, muestra habilidades de escriba, raras por lo demás en un marinero de entonces. Recordamos que el "Guerrero" manejado "de toda la vida" era marino y de Palos, famoso puerto en la andaluza Huelva).

7. 6 Op. cit., p. XVI.

8. 7 Sea quizás el literato quien , con mayor libertad, puede moverse entre los atrincherados límites de las delimitadas disciplinas (científicas y no). Esto seguramente porque sabe lo que de "logro retórico" han tenido los discursos que se autoproclaman "científicos". Los "profanos pero entusiastas visitantes" hemos de pagar caros visados para deambular por los territorios del "conocimiento". En ese sentido, lo que le lector tiene en las manos, es un reporte de "inmigrante" que cruzó sin "coyote" alguno adentro de los libros polvosos de esta historia.

9. 8 Noticias secretas y públicas de América, edic. de Emir Rodríguez Monegal, (Barcelona, Tusquets editores, 1984), p. 15.

10. 9 Bartolomé de las Casas, Descubrimiento del Mar Pacífico, (tomado de Clásicos Jackson, vol. XXVII, Historiadores de Indias) p. 52-55, esp. 55.

11. 10 Parece poco determinable el lugar exacto en que desembarcaron los náufragos. Vid. por ejemplo, Peter Gerhard. La frontera sureste de la Nueva España (México, UNAM, 1984), p. 55, o Ralph L. Roys, The Political Geography of the Yucatan Maya (Cargenie Institution of Washington, 1957), pp. 161-162.

12. 11 Hernán Cortés, Cartas y documentos, tomado de Fray Francisco de Aguilar, Relación breve de la Conquista de Nueva España, (Ed. O'Gorman ed.) Estudio preliminar de Jorge García Lacroix (México, CNCA -Alianza Ed. mexicana), p. 66.

13. 12 O sea, el conocimiento del personaje pasa además por esa atmósfera que ponen las plumas de la época sobre los hechos y sucesos de conquista que, como éste, gozaron de connotaciones especiales por ser "azares" propicios a la gesta. Ahí aparece tras Jerónimo de Aguilar Guerrero como el rutilante contrapunto que ya conocemos. Sin duda, Bernal ya sabía cómo las pintaría Guerrero cuando, en 1519, en Cozumel, hace decir a Cortés al respecto "En verdad que le querría haber a la manos, porque jamás será bueno". Loc.cit.

14. 13 Robert S. Chamberlain, Conquista y colonización de Yucatán, 1517-1550; Trad. de A. Domínguez Peón, y prólogo de J. I. Rubio Mañé. (México, Ed. Porrúa, 1974) p. 65. La obra de Chamberlain es, sin duda, la insuperable e imprescindible autoridad para el conocimiento de la historia de la conquista de Yucatán.

15. 14 Además de la mejor conocida alusión al prófugo por parte del rescatado Aguilar, Fernández de Oviedo. Historia general y Natural de las Indias y Tierra-Firme del Mar Océano, Dec. IV, Lib. 1º (Madrid, 1601-15) p. 43, señala la segunda negativa de Guerrero a sumarse a las huestes hispanas, ahora a solicitud del Adelantado Montejo, y 9 años después que Hernán Cortés.

16. 15 Véase la versión ilustrada de la historia de Guerrero en Conquistadores en Yucatán. La desaparición de Guerrero, guión e ilustraciones, Miguel Calatayud Cerdán; presentación y referencia histórica, Fernando Savater. (Barcelona, Planeta Agostini-Sociedad Estatal Quinto Centenario, 1992), s.n.p.

17. 16 Es especialmente fresco el relato de Juan Francisco Molina Solís en su Memoria del Descubrimiento y conquista de Yucatán. (México, Ed. Mensaje, 1943), vol. I, p. 48.

18. 17 Por ejemplo, Francisco Cervantes de Salazar, en su Crónica de Nueva España, en Papeles de Nueva España (papeles compilados y publicados por Francisco del Paso y Troncoso). (Madrid, Mausser y Menet, 1914), pp. 133-150.

19. 18 Archivo de la Historia de Yucatán, Campeche y Tabasco (ed. J. I. Rubio Mañe). (México, Robredo, 1942), p. XXIV.

20. 19 La novelita citada de Baltazar Pérez, así como El futuro fue ayer, del madrileño Torcuato Luca de Tena (obra ésta que no tuve al alcance), sientan un argumento basado en unos documentos del puño de Aguilar que, más o menos "ficticiamente" manejarían los literatos como fuentes históricas.

21. 20 Ah Nakuk Pech, Historia y crónica de Chac-Xulub-Chen prólogo, versión y notas de Héctor Pérez Martínez. (México, 1936) pp. 27-28, esp. 28.

22.

23. 22 Contrariamente a Bernal, que nos deja el diálogo de ambos náufragos, Andrés de Tapia, el soldado que primero abraza al que luego fuera intérprete de Cortés, o Fray Diego de Landa, nos dicen que éste no había ido a comunicar a Guerrero la solicitud-posibilidad de acabar con el "cautiverio" uniéndose al capitán Cortés. Vid. Relación de Andrés Tapia. Col. de Documentos para la Historia de México, publicada por J. García Icazbalceta (México, Porrúa, 1980) p. 557, y Fray Diego de Landa, Relación de cosas de Yucatán. (México, Ed. Porrúa, 1959), p. 10, y Rubio Mañé, Loc.cit.

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