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BIOGRAFÍA:
Nació en Dublín, el 2 de febrero, día de Santa Brígida,
Patrona de los Poetas de Irlanda, de 1882. Sus padres fueron John Stanislaus Joyce, jefe de
una oficina de Recaudación de Impuestos, y Mary Jane Murray, de Longford, hija de un corredor
de vinos. Su familia, compuesta de varios hermanos y hermanas, disfrutaba de una relativa
holgura y su padre gozaba de gran popularidad como poseedor de la mejor voz de tenor entre
los aficionados de Irlanda. En 1907 Joyce sufrió su primer ataque de iritis, grave enfermedad
de los ojos que casi le llevó a la ceguera.
En 1904 se sintió forzado a un exilio voluntario y abandonó Dublín para
vivir primero en París, desde donde se trasladó a Trieste y, posteriormente, a Roma, para
volver a la capital francesa (de 1919 a 1939), hasta que el estallido de la II Guerra Mundial
le indujo a trasladarse a Zürich, donde murió el 13 de enero de 1941.
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OBRAS:
El primer éxito literario le llegó a Joyce, que era aún
un estudiante universitario a punto de cumplir los 18 años, con un artículo, "El nuevo
drama de Ibsen", publicado en la revista Fortnightly Review de Londres.
Su primer libro, Música de Cámara (1907), contiene 36 poemas de amor, muy elaborados,
que reflejan la influencia de la poesía lírica isabelina y los poetas líricos ingleses de
finales del siglo XIX. Su segunda obra es una colección de 15 relatos titulada
Dublineses (1914). Estas narraciones se ordenan en una serie que va
desde la infancia y la adolescencia hasta la vida pública (de Dublín) y la privada
de la madurez.
Joyce alcanzó fama internacional en 1922 con la publicación de Ulises,
una novela concebida como una suerte de epopeya cómica cuya idea principal se basa en la
Odisea de Homero y que abarca un periodo de 24 horas en las vidas de Leopold Bloom,
un judío irlandés, y de Stephen Dedalus, y cuyo clímax se produce al encontrarse ambos
personajes. Es con esta obra con la que Joyce logra la más acabada coordinación respecto a
la naturaleza múltiple de la realidad y las estructuras formales del arte. En Ulises,
Joyce ahonda virtuosamente en la técnica del monólogo interior, como vehículo para
caracterizar a los personajes, combinándolo con el empleo del mimetismo oral y la parodia
de los estilos literarios como método narrativo global.
Finnegans Wake (1939), su última y más compleja obra, es un intento de
encarnar en la ficción una teoría cíclica de la historia. En ella, Joyce llevó su
experimentación lingüística al límite, escribiendo en un lenguaje que combina el inglés
con palabras procedentes de varios idiomas.
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