|
UNA
SEÑAL
NARRADOR: ENTRE TANTO JUAN DIEGO ESTABA CON LA SANTÍSIMA VIRGEN DÁNDOLE LA RESPUESTA QUE TRAÍA DEL SEÑOR OBISPO. JUAN DIEGO:
Y te dijo que es señal que quiere el señor Obispo. VIRGEN:
Bien hijito mío, volverás aquí para que le lleves al obispo la señal
que te ha pedido, con esto te creerá y acerca de esto, ya no dudara, ni
de ti sospechara y sábete, hijito mío; que yo te pagare tu cuidado,
trabajo y cansancio que por mi has emprendido bien, vete ahora, que mañana
aquí te aguardo. NARRADOR:
EL MARTES, MUY DE MADRUGADA, SE VINO JUAN DIEGO DE SU CASA A TLATILULCO A
LLAMAR AL SACERDOTE, POR QUE JUAN BERNARDINO EL TIO DE JUAN DIEGO SE
ENCONTRABA MUY ENFERMO Y CUANDO VENIA
LLEGANDO AL CAMINO QUE SALE JUNTO A LA LADERA DEL CERILLO DEL
TEPEYAC, HACIA EL PONIENTE POR DONDE TENIA COSTUMBRE DE PASAR. DIJO: JUAN DIEGO:
Si me voy derecho no sea que me vaya a ver la señora del cielo y
en todo caso me detenga para que lleve al obispo la señal, según
me previno que primero nuestra aflicción nos deje y primero llame yo de
prisa al sacerdote, el pobre de mi tío lo esta ciertamente aguardando. NARRADOR:
LUEGO DIO LA VUELTA AL CERRO, SUBÍO ENTRE EL Y PASO AL OTRO LADO, HACIA
EL ORIENTE PARA LLEGAR PRONTO A MÉXICO Y QUE NO LO DETUVIERA
LA SEÑORA DEL CIELO. PENSÓ QUE POR DONDE DIO VUELTA, NO PODÍA
VERLE LA QUE ESTA MIRANDO BIEN
A TODAS PARTES. LA VIO BAJAR DE LA CUMBRE DEL CERRILLO Y SALIO A SU
ENCUENTRÓ A UN LADO DEL CERRO Y LE DIJO: VIRGEN:
Juanito, ¿hijo mío el mas pequeño a donde vas? JUAN DIEGO: Niña mía, la mas pequeña de mis hijas: señora ojalá estés contenta. ¿Cómo as amanecido? ¿Este bien de salud? Señora y niña mía voy a causarte aflicción sábete niña mía; que esta muy malo un pobre ciervo tuyo mí tío; le ha dado la peste, y esta para morir. Ahora voy presuroso a tu casa de México a llamar a uno de los sacerdotes amados de nuestro señor, que vaya a confesarle y disponerle; porque desde que nacimos venimos a guardar el trabajo de nuestra muerte, volveré luego otra vez, aquí, para ir a llevar tu mensaje; señora y niña mía; perdóname, tenme por ahora paciencia, no te engaño hija mía la más pequeña, mañana vendré a toda prisa.
|