PONCIO PILATO

 

NARRADOR: MIENTRAS TANTO EN LA CIUDAD DE BECETA DONDE SE ALZABA LA SOBERBIA E INEXPUGNABLE CIUDADELA ANTONIA, QUE HERODES, EL GRANDE REEDIFICO EN HONOR DE MARCO ANTONIO, Y CUYO NOMBRE RESPETARON AUGUSTO Y TIBERIO. FORTALEZA DE MÁRMOL BLANCO. A SUS CUATRO EXTREMOS SE ALZABAN CUATRO TORRES, MUDOS CENTINELAS QUE AMENAZABAN ETERNAMENTE A LOS AMEDRENTADOS HIJOS DE JERUSALÉN.

EL ESPAÑOL PONCIO PILATO. SOLDADO MERCENARIO EN QUIEN TIBERIO TENÍA PUESTA TODA SU CONFIANZA A QUIEN HABÍA UNIDO EN CASAMIENTO CON UNA PARIENTE LEJANA BELLA, RICA Y NOBLE DE NOMBRE CLAUDIA PROCULA.

LE CONCEDIÓ EL GOBIERNO DE JUDEA. PILATO ERA HOMBRE DE ACCIÓN; VALIENTE HASTA LA TEMERIDAD. SU SUEÑO ERA LIGERO. DORMÍA CON EL ESCUDO COLGADO A LA CABECERA DE LA CAMA, EL CASCO, LA CORAZA Y LA ESPADA SOBRE LA MESA DE NOCHE. ¡SABÍA QUE EL PUEBLO DE JERUSALÉN LE ODIABA! Y POR ESO SIEMPRE ESTABA ALERTA. Y ESTA ES LA NOCHE EN QUE LA CIUDAD ESTABA ATESTADA DE FORASTEROS Y EN QUE LA GENTE CORRÍA Y SE APIÑABA POR EL CAMINO.

¡PONCIO COMENZÓ A RECELAR Y SE PASEA EN SU CAMERÍN SU ROSTRO DENOTA UNA PREOCUPACIÓN MUY GRANDE!

¡ALLÁ, EN LA CIUDAD SE ESCUCHA UN GRAN MURMULLO! PONCIO LLAMA A SU FIEL SERVIDOR.

 

PONCIO PILATO: ¡Flavio!   ¡Flavio!.

FLAVIO: ¡Si,  Señor!

PONCIO PILATO: ¡Flavio!, indudablemente ocurre algo extraño en la ciudad. Tú que posees el hebreo, como un rabino de Jericó; quiero que te disfraces de judío y vayas a ver qué ocurre en  ella.

FLAVIO: ¡Bien señor!

NARRADOR: FLAVIO, ESPÍA FAVORITO; SALUDÓ Y SALIO A CUMPLIR LAS ÓRDENES DE SU SEÑOR. MIENTRAS, ÉL SE PASEA NERVIOSO EN LA ESTANCIA DE SU PALACIO, SE ACERCA A LA VENTANA A VER QUÉ SUCEDE PUES EL MURMULLO LLEGA CON MÁS FUERZA A SUS OÍDOS Y TAN ABSORTO ESTÁ EN SUS PENSAMIENTOS QUE NO SIENTE LA LLEGADA DE SU ESPOSA.

CLAUDIA: Poncio…

PONCIO PILATO: ¡Claudia!   ¿Qué haces aquí?

CLAUDIA: ¿Desde cuando la esposa del Gobernador tiene que anunciarse?

PONCIO PILATO: ¡Claudia, mía!

CLAUDIA: Desde hace varias noches un desasosiego habita en mi pecho y hace que mi corazón se agite de una manera extraña. ¡Como si tuviera el presentimiento de que algo malo te ocurrirá a ti o a mí!

PONCIO PILATO: ¡Venga!, la mujer más hermosa de toda Jerusalén.

CLAUDIA: Poncio…

PONCIO PILATO: ¿Qué es lo que le ocurre a mi mujer?

CLAUDIA: ¡En este momento nada!. ¡Nada me preocupa más que mi esposo! ¡cuando éste me tiene entre sus brazos!. ¿Qué ocurre?

Estabas tan absorto, cuando entré, mirando a la lejanía. ¡Un murmullo sordo sube desde la ciudad!

Hace unas horas vi salir del palacio a Flavio, disfrazado de judío. ¿Qué pasa? ¿Es algo grave?

PONCIO PILATO: ¡Nada, nada mi querida esposa!. Es precisamente por ese murmullo, por lo que Flavio bajo a la ciudad. ¡Quise que investigara el porqué de esa agitación!

CLAUDIA: ¿No querrá el pueblo levantarse en armas?

PONCIO PILATO: ¡No! el pueblo nos tiene miedo. Los romanos los han amedrentado.

CLAUDIA: Pero, entonces, ¡ese murmullo…!

PONCIO PILATO: ¡A juzgar el griterío y las luces parece que celebran algo!. ¡Alguna fiesta!

CLAUDIA: ¡Pero, qué pueden celebrar esas gentes!

PONCIO PILATO: Nada me sorprendería que lo hicieran por el nacimiento de un Dios. ¡Estos Nazarenos!

CLAUDIA: Poncio…

PONCIO PILATO: ¿Sí?

CLAUDIA: Flavio acaba de entrar al palacio, parece muy demacrado.

PONCIO PILATO: ¿Qué dices?

CLAUDIA: Me atrevería a asegurar que casi era espanto lo que dibujaba su rostro.

PONCIO PILATO: ¡¡¡ Ja, ja, ja, ja !!! De un hombre como Flavio ¡¡¡ ja, ja, ja !!! ¡Vamos, mujer!

CLAUDIA: ¡No te rías!, ¡es la verdad!

PONCIO PILATO: ¡Bien!, si le has visto entrar, pronto estará aquí.

CLAUDIA: Poncio…

PONCIO PILATO: ¿SÍ?

CLAUDIA: Mi presentimiento…

PONCIO PILATO: ¿Qué tiene tu presentimiento?

CLAUDIA: No quiero escuchar lo que Flavio va a decirte. Es algo acerca de mi zozobra.

PONCIO PILATO: No vas a sugestionarte ahora. ¿Verdad?

CLAUDIA: No claro que no… Pero

PONCIO PILATO: ...¡Calla!, que aquí llega ya Flavio.

NARRADOR: FLAVIO ENTRA, VIENE DEMACRADO Y CON LA ANGUSTIA PINTADA EN SU EXPRESIÓN, Y PONCIO MIRÁNDOLE LE DICE:

PONCIO PILATO: ¡Flavio! Entra, ¿Pero qué te ocurre? ¿Por qué vienes tan conmovido?

FLAVIO: Señor…

PONCIO PILATO: ¡Parece que hubieras visto algo insólito!.

FLAVIO: ¡Insólito sí!, Esa es la palabra que califica lo que ha presenciado esta tarde.

PONCIO PILATO: ¿Bueno qué es lo que ocurre, pues?

FLAVIO: ¡Señor…! He visto a un hombre al cual no han llegado en prodigios todos los Dioses del Olimpo.

PONCIO PILATO: ¿Qué dices? ¡¡¡ Ja, ja, ja, ja !!!

FLAVIO: Sí señor. No te reirías, si como yo, le hubieras visto.

PONCIO PILATO: ¡¡¡ Ja, ja, ja, ja !!! Bueno, dime; ¿Quién es ese hombre en quien reconoces virtudes mayores que las de los Dioses?

FLAVIO: Señor… Ese hombre se llama Jesús de Nazaret.

PONCIO:   Vamos Flavio. ¿Por fin acabaras de decirme lo que has visto?

FLAVIO: Señor, indudablemente ese hombre pertenece a la familia de los dioses, sus palabras penetran hasta el fondo del alma. ¡cuando llegó al templo arrojo a los vendedores que habían profanado el lugar, diciéndoles! -¡No hagáis de la casa de mi padre una cueva de ladrones!-

PONCIO PILATO: ¡Vamos¡, !Debe ser valiente ese hombre si se atrevió a correr a tantos¡

FLAVIO:   ¡Mucho! Un hombre cuya mirada es irresistible. De pie en las gradas del templo, ha dicho cosas extraordinarias. unos hombres le presentaron a una mujer hallada en adulterio, según la ley de moisés , debe  morir a pedradas. Dijeron le; “Tu que sabes tanto, ¿Qué opinas que hagamos con esta culpable?”  Y él con voz tan dulce, que quien la escucha no puede olvidarla dijo:

“El que este libre de pecado que tire la primera piedra” .Y en vez de arrojársela, se les calló de las manos y huyeron. Entonces , tomando las manos de la mujer le dijo “mujer ¿dónde están los que querían matarte ?” vete y no peques más.

 

PONCIO PILATO:  ¡Bien inteligente debe de ser ese Jesús!. ¡Al fin ha aparecido alguien que puede dejar confusos a los doctores del Sinedrio¡

 

FLAVIO: Como los fariseos le perseguían por todas partes para aprenderle se le acercaron y le dijeron “Tú que sabes tanto dinos si es justo pagar el tributo al Cesar” . el Nazareno les miro con sus profundos ojos les contesto luego: ”¿Por qué me tentáis? mostradme una moneda”. Uno le presentó y Jesús, colocándola en la palma de su mano, volvió a decir” -¿Que efigie lleva esta moneda?- ” la del cesar dijeron todos, “pues bien ”repuso Jesús “dad al cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios ”.

CLAUDIA:   Ese hombre que es verdaderamente admirable.

PONCIO PILATO:  ¡Continua, Flavio continua!.

FLAVIO:  ¡Señor! ,  El Galileo hablo y dijo muchas parábolas que no recuerdo, pero todas ellas causaron  una profunda sensación y consuelo.

 

PONCIO PILATO:   No halló razón alguna que pueda haberte provocado semejante angustia

 

FLAVIO:   ¡Sí  señor!,  fue su voz, señor, ¡su voz que llega hasta lo mas intimo de los corazones!

 

PONCIO PILATO: ¡Bien!, ¡bien!, ahora sabemos que no hay nada de lo que pueda preocuparnos vete y descansa Flavio.

 

FLAVIO:  Si señor.

 

PONCIO PILATO: ¡¡¡Jajájajá!!! Y procura no recordar mas a ese hombre.

 

FLAVIO: !Tratare¡ Señor.

 

PONCIO PILATO: Bien ahora vete ...   Bueno, ya has escuchado el relato que este fiel amigo ha visto, puedes estar tranquila.

 

CLAUDIA:  Poncio...

 

PONCIO PILATO:  ¡Vamos a descansar!. La jornada ha sido larga este día y  tengo ganas de reposar ¿Tranquila?

 

CLAUDIA:  ¡Un poco!

 

PONCIO PILATO: ¡A olvidar todo!, que con eso te sentirás aliviada. ¿Bien?

CLAUDIA:  ¡Ese hombre...JESÚS DE NAZARETH!

 

 

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