JUDAS ANTE ANAS
NARRADOR:
JUDAS DESPUÉS DE HABER SALIDO DEL CENÁCULO ARRANCÁNDOSE LOS CABELLOS Y
GRITANDO “SOY UN MISERABLE”, SE DIRIGE HACÍA LA CASA DE. ANÁS AGITADO Y TRÉMULO,
COMO EL HOMBRE QUE VA A COMETER UNA ACCIÓN INFAME. UN SOLDADO SE PASEA POR
DELANTE DE LA PUERTA, Y CRUZA LA LANZA DELANTE DE ÉL, PROHIBIÉNDOLE LA
ENTRADA.
JUDAS
¿Por
qué me detienes? Me llamo Judas; y
me esperan ahí dentro.
NARRADOR:
EL
SOLDADO LE DEJA PASAR Y ÉL ENTRA AL SALÓN, EN DONDE LOS SACERDOTES SE
ENCUENTRAN REUNIDOS Y DICE:
JUDAS:
¡Aquí me tenéis!. Pero Veo en vuestros semblantes que dudáis de Mí. Habéis
hecho mal. Porque yo cumplo lo que prometo.
ANAS:
¿Vienes, pues hay entregarnos a tu maestro?
JUDAS:
¡Pues claro! ¿A que había de venir?
ANAS:
¿Dónde está?
JUDAS:
Muy cerca de esta casa, penas le separan unos doscientos pasos de vosotros.
NARRADOR:
LOS
SACERDOTES SE LEVANTAN DE SUS ASIENTOS SOBRESALTADOS.
JUDAS:
¡No, no os sobre saltéis!; Jesús está muy tranquilo en casa de Heli
celebrando la Pascua.
ANAS:
¿Celebrando la Pascua, en jueves?
JUDAS:
¡Bah! ¿No habéis tolerado que cure a los enfermos en sábado? ¿Qué Os extraña
pues? ¡Jesús es un
innovador!. Vuestras leyes, vuestras costumbres las mira con desprecio. El sigue
un camino nuevo que ha vosotros no os conviene, y tratéis de deshacernos de él;
lo creo justo, y por eso vengo a reunirme con vosotros.
ANAS:
Explica, pues, tu plan, los soldados que has pedido te esperan.
JUDAS:
No hay prisa, esté asunto debe llevarse con reserva, pues de lo contrario podría
sernos fatal.
ANAS:
¿Crees tú que Jesús y sus discípulos se defenderán?
JUDAS:
Jesús no es hombre de guerra, es hombre de paz. El mismo presentara las manos
para que le atéis. En cuanto a sus discípulos, ¡si se exceptúa a Pedro! los
demás harto harán con llorar la suerte de su maestro.
SACERDOTES:
Entonces ¿que esperamos?
JUDAS:
Que Jesús salga de Jerusalén. La ciudad está llena de forasteros, un grito
de Jesús armaría mil brazos para defenderle. Creedme: en este asunto no
conviene precipitarse.
ANAS:
¡Pero si sale de Jerusalén se escapa de nuestras manos!
JUDAS:
Yo sé, donde duerme está noche, y ahí le recogeremos desprevenido.
ANAS:
Los soldados no le conocen.
JUDAS:
¿Qué importa? Le conozco Yo; y para que no quepa duda iré delante de ellos, y
aquél a quién Yo de un beso, en la mejilla ¡es Jesús!
ANAS:
¿A que hora piensas salir son los soldados?
JUDAS:
Cuando la noche se halle en la mitad de su carrera.
ANAS:
¿Cuánta gente necesitas?
JUDAS:
Con veinte hombres me basta.
SACERDOTES:
Nosotros también te acompañaremos.
ANAS:
¡Malco!, tu eres un fiel servidor, irás con Judas a aprender a Jesús. Si
Judas nos vende apodérate de él.
MALCO:
¡Pierde cuidado, que te traeré a ese embaucador!. ¡Yo llevaré la cuerda, y
te prometo que no se me escapará!.
JUDAS:
Me habéis preguntado muchas cosas, y no decís nada de la paga. ¿Qué, os volvéis
atrás de lo ofrecido?
ANAS:
¡Ya te he dicho que cuando nos entregues a Jesús!. -Malco cierra las puertas
para que este miserable traidor no
se escape- y cuando diga que es la hora, avisad pues a algunos ancianos que
quieran acompañarnos. Y por si los soldados mercenarios no cumplen con su
deber, procura que vayan contigo algunos servidores fieles de la casa, armados
con palos y espadas. ¡Tu cabeza me
responde de Jesús!
MALCO:
¡Descuida, Pontífice; el falso profeta no se me escapará! ¡Como llegue a
Ponerle las manos encima!
NARRADOR:
JUDAS SALIÓ DEL VESTÍBULO ACOMPAÑADO DE MALCO ACERCÁNDOSE DONDE ESTABAN LOS
SOLDADOS.
JUDAS:
Malo el frío de esta noche ¿no?
NARRADOR:
EL SOLDADO LE MIRA CON DESPRECIO. ANTE ESTA MIRADA, JUDAS RETROCEDE, Y LE DICE
A UN SOLDADO QUE SE DELEITA BEBIENDO VINO.
JUDAS:
¿Podrías
darme de ese vino que bebes?
NARRADOR:
EL SOLDADO QUE BEBÍA, MIRA A JUDAS; SE LIMPIA LA BOCA CON EL DORSO DE SU BRAZO.
TIRA LA COPA AL SUELO Y SE ALEJA DE ESTE. JUDAS SIENTE EL RECHAZO DE LOS
SOLDADOS, PERO SE EMPEÑA EN HABLAR CON ELLOS Y SE ACERCA A LA HOGUERA QUE ÉSTOS
HAN PRENDIDO.
JUDAS:
Dejad que me caliente, amigos míos, porque el frío corta como cuchillo.
SOLDADO(1):
¡No profanes el honroso nombre de la amistad miserable judío!. ¡Un traidor
como tú no debe de sentarse al lado de un soldado de tiberio!.
SOLDADO(2):
¡Has hecho bien!
SOLDADO(1):
¡Los traidores para mí huelen a carne podrida, y los desprecio!
SOLDADO(2):
¡A mí me hacen el efecto de los leprosos y los rechazo!.
NARRADOR: EL SOLDADO SE RETIRA Y ESCUPE A LOS PIES DE JUDAS