|
JUAN
DIEGO TRISTE NARRADOR: JUAN
DIEGO SALIÓ ENTRISTECIDO DEL PALACIO DEL OBISPO Y TOMO CAMINO HACIA SU PUEBLO,
COMO SIEMPRE CON LA INTENCIÓN DE LLEVAR EL RECADO DEL SEÑOR OBISPO A LA SEÑORA
DEL CIELO, PORQUE YA IMAGINABA SU DESCONTENTO, SUS PASOS ERAN LIGEROS Y TERMINO
LA CALZADA QUE BORDEABA PARTE DEL LAGO. SUBIÓ POCO A POCO LA COLINA, BUSCANDO
EL LUGAR DONDE ELLA DEBÍA ESTAR ESPERANDO. Y OTRA VEZ LA MIRADA DEL HUMILDE
INDIO DE CUAUTITLÁN, SE ILUMINO CON LA HERMOSURA DE LA SEÑORA DEL CIELO CON
ESA MIRADA MATERNAL LLENA DE LUZ, CON LA SONRISA DIBUJADA EN LOS LABIOS MORENOS;
COMO MORENA ERA ELLA. CON BONDAD EXPRESADA EN LAS BREVES MANOS VIRGINALES; TÍMIDAMENTE
SE ACERCÓ JUAN DIEGO. JUAN
DIEGO: Señora,
la más pequeña de mis niñas, fui a donde me enviaste a cumplir tu mandato,
tuve mucha dificultad para hablar con el señor Obispo, que le llaman Zumárraga;
es persona de mucha ocupación, hable de tu mandato señora del cielo, dije
palabras de hermosura, hice relatos de pajarillos que se escuchan en rededor. Y
el señor Obispo me oyó con atención, y mucha dignidad porque es persona santa
y buena; pero no tuvo por cierto lo que me encomendaste porque me dijo: “Otra vez vendrás hijo mío, te oiré mas despacio; lo veré muy desde
el principio y pensare en la voluntad y deseo con la que has venido”. No
hagas mirada de tristeza señora y niña mía; porque siento frió en mi corazón,
te digo palabra de verdad. VIRGEN:
No estoy
triste Juan Dieguito por el contrario; cada palabra que pronuncias me hace
quererte más. JUAN
DIEGO:
Yo soy nada, un hombrecillo, soy un cordel, soy una escalerilla de tablas, soy
el ultimo, soy una hoja mustia, soy gente menuda y tu, niña la más pequeña de
mis hijas, me envías a un lugar donde no ando, donde no paro; perdóname que te
cause dolor y pesadumbre. No porque tenga pensamiento de hacerla, no, sino por
eso, porque soy grano de arena, gota de agua, ráfaga de viento. NARRADOR:
CON CUANTA DULZURA, LA MADRE DE LOS MEXICANOS CONTEMPLABA A UNO DE SUS HIJOS,
QUE CONFORME HABLABA SE IBA HUNDIENDO MAS Y MAS EN
LA AFLICCIÓN, LO ESCUCHO AMOROSA, Y DERRAMO SOBRE EL SUS MAS AMPLIAS
BENDICIONES Y PROSIGUIÓ EL AMOROSO DIALOGO. VIRGEN:
Oye hijo mío el mas pequeño; te entiendo que son muchos mis servidores y
mensajeros a quienes puedo encargar que lleven mi mensaje y hagan mi voluntad
pero es todo punto preciso que tu mismo solicites y ayudes y que con tu mediación
se cumpla mi voluntad. Mucho
te ruego hijo mío el más pequeño y con rigor te mando que vayas otra vez mañana
a ver al obispo, y dale parte en mi nombre y hazle saber por entero mi voluntad,
que tiene que poner, por obra el templo que le pido. Y otra vez dile que yo en
persona la Virgen Maria la siempre Madre de Dios te envía. JUAN
DIEGO:
Señora mía, no te cause yo aflicción. De muy buena gana iré a cumplir tu
mandato, de ninguna manera dejare de hacerlo, ni tengo por penoso el camino, Iré
a hacer tu voluntad, pero acaso no seré oído con agrado. O si fuere oído quizás
no se me creerá. Mañana en la tarde cuando se ponga el sol, vendré a dar razón
de tu mensaje con lo que responda el señor Obispo.
|