FAMILIA DE SAMUEL BELIBETH
NARRADOR:
A CORTA DISTANCIA DE LA PUERTA DE LOS JUICIOS, EN LA CALLE QUE MAS TARDE DEBIA
DENOMINAR EL MUNDO CRISTIANO “CALLE DE LA AMARGURA”, VEIASE UNA CASA DE MODESTA
APARIENCIA, SOBRE CUYA PUERTA EMPEZABAN A EXTENDER LOS DELICADOS BRAZOS DE UNA
PARRA. FORMANDO UN FRONDOSO TENDAL
DE VERDES HOJAS. VEIASE EL BROCAL DE UN POZO Y UN BANCO DE PIEDRA.
ENTREMOS EN ESTA CASA A LA MISMA HORA QUE
JESUS SE HALLA EN PRESENCIA DE SUS FEROCES VERDUGOS.
EN LA REDUCIDA HABITACION SE HALLABA UNA
MUJER DE NOMBRE “SERAFIA”. SAMUEL
BELIBETH ENTERADO DE TODO LO OCURRIDO CON JESUS ENTRA PENSATIVO A SU CASA Y
SERAFIA LE PREGUNTA:
SERAFIA:
¿Qué ocurre en la ciudad Samuel?
SAMUEL
BELIBETH:
¿Qué Jesús de Nazaret, el embaucador, el charlatán, ha sido preso por los
sacerdotes?
SERAFIA:
¡Eso no es posible, deben estar locos los sacerdotes!
SAMUEL
BELIBETH: ¡Jajájajá!
NARRADOR:
SAMUEL BELIBETH SOLTO UNA CARCAJADA.
SERAFIA:
No te rías Samuel; ese hombre es un profeta y tu mujer no hubiera muerto, ¡si
le hubieras pedido con fe la salud!
SAMUEL
BELIBETH:
¡Mira Serafia!, yo era casi un niño cuando abandonando mi oficio de zapatero,
tome las armas en las legiones romanas y ¡salí de Israel!. ¿Sabes lo que me
indujo a esta resolución?. Pues no fue otra cosa que el fanatismo de mis
compatricios. No hay un Judío que no sueñe con el Mesías anunciado por los
profetas. ¡Pobres gentes que sufren el yugo romano esperando el maná del
cielo! ¡Jajájajá!, ¡Jajájajá!
NARRADOR:
SAMUEL BELIBETH SOLTO UNA SEGUNDA CARCAJADA; LUEGO CONTINUO.
SAMUEL
BELIBETH:
¡Hoy tendremos un gran día. La cumbre del gólgota estará concurrida. A mi me
gustan esos espectáculos, más que las funciones del hipódromo. ¡Ya verás,
ya verás amiga Serafia!, como nos divertiremos con los gestos que hará ese
hechicero que se hace llamar hijo de Dios. ¡Jajájajá!
SERAFIA:
Los Fariseos no se atreverán a sacrificar a un hombre, que no ha hecho daño a
nadie.
SAMUEL
BELIBETH: ¡Bah!, si tuviera yo tan
segura la inmortalidad, como la muerte de Jesús, viviría tanto como el sol. ¿Sabes
que sería una fortuna vivir tanto como el sol?. ¡Jajájajá!. El pobre
Nazareno que hace milagros, que resucita a los muertos, debía hacerme ese gran
servicio; a él no le costaría nada con decir “Lo quiero”. He ahí a Samuel
Belibeth, recorriendo siempre el
mundo, un siglo, otro y otro; riéndose de esa humanidad cobarde y vanidosa que
cree que hay otra vida mas que la presente. ¡Jajájajá! ¡Si yo fuera
inmortal, que felicidad! ¡Jajájajá!...¡Jajájajá!
SERAFIA:
...¡Calla!,
¡Calla, Samuel!, tus palabras me hacen daño.
SAMUEL
BELIBETH:
¡Crees tu que puede un hombre como yo, creer en los “dioses del olimpo”, ¿ni
en el Mesías de Israel? Eso queda para vosotros, pobres fanáticos. Yo he visto
a Jesús, abofeteado, escupido, escarnecido, cubierto el rostro de sangre, hecha
jirones la ropa. ¡Malco, le ha
puesto la mano en la faz! ¿Por qué en presencia de todos no ha hecho un
milagro?. La ocasión era propicia, podía
haber confundido a sus jueces y no lo hizo.
¡Embaucador! ¡Será conducido ante el juez
romano!. Te digo que vamos a tener un día divertido; yo no me perderé nada. ¡Afortunadamente,
para ir al calvario debe pasar por delante de la puerta de esta casa!.
Pero dejando a ese mago embaucador, dime ¿Cómo
está mi Madre?
SERAFIA:
Duerme
SAMUEL
BELIBETH:
¿Y mi hijo?
SERAFIA:
Duerme también.
SAMUEL
BELIBETH:
¡Si!, ¡Si!, la anciana tiene el sueño pesado preludio de la muerte, y el niño
el sueño de la infancia; yo solamente vivo. ¿No es verdad, Serafia, que mi
suerte es bien aciaga? Este silencio que me rodea es horrible. ¡Oh! ¡Si al
menos mi pobre madre no hubiera perdido el uso de la palabra!
NARRADOR:
SERAFIA PIDIO PERMISO PARA RETIRARSE
SERAFIA:
¡Me retiro Samuel!
SAMUEL
BELIBETH:
¡Gracias, Serafia!