CLAUDIA PROCULA

 

NARRADOR: PONCIO PILATO SE PASEA EN SU CAMERIN CON ADEMAN RECELOSO, PUES EL ESTRUENDO QUE CUNDE POR JERUSALEN, LE INQUIETA, SE ACERCA A LA VENTANA A VER QUE SUCEDE.

                   ABAJO SE ESCUCHA UN GRAN MURMULLO. EN ESTO SE ABRE UNA PUERTA Y ENTRA CLAUDIA SU ESPOSA:

PONCIO PILATO: ¡Ah! ¿Eres tu Claudia? ¿A que debo la fortuna de verte tan temprano?... pero...Estas conmovida...pálida! ¿Qué tienes?

CLAUDIA: ¡Ah, Poncio! He tenido un sueño horrible, espantoso, pero lo más particular, lo mas extraño es que he soñado despierta.

PONCIO PILATO: ¡Deshecha tus temores, esposa mía!. Yo se bien que esta triste ciudad de Jerusalén, no es muy de tu agrado, pero, que quieres, tu pariente TIBERIO, dice que necesita que un hombre como yo le represente en Israel. Y es preciso vivir en este desierto hasta el día que se apiade de nosotros.

CLAUDIA: ¡No es eso, no Poncio! Lo que en este momento me sobresalta, lo que me aflige. ¡Es un sacrilegio que van a cometer los sacerdotes! y que no quiero que ¡Tú¡ sanciones con tu aprobación.

PONCIO PILATO:  ¡Claudia mía!, Tus palabras me admiran, te ruego ¡Que te expliques!

CLAUDIA: ¿Conoces tú a Jesús de Nazaret?

PONCIO PILATO: (Pensativo) ...¡Ah si!, ese Galileo que recorre las tribus curando enfermos, ese hombre tan extraordinario que predica una ley nueva, ¡El que dice que los hombres son hermanos!, que el último será el primero en el reino de su padre... y que se yo cuantas cosas más, cuyo significado... No comprendo. Pero, ¿Qué tiene que ver ese hombre con tu sobresalto?

CLAUDIA: ¡Pues bien, Jesús ha sido preso esta noche por tus soldados y jamás hombre alguno se ha visto tan cruelmente maltratado. ¿Desde cuando los hijos del Tiber, escupen el rostro y golpean a sus indefensos prisioneros?

PONCIO PILATO: ¿Cómo sabes tu eso? ¿acaso has salido de la ciudadela?

CLAUDIA: ¡No!, ya te he dicho que he tenido un sueño horrible.

NARRADOR: PILATO SE SONRIE

CLAUDIA: ¿Dudas de mis palabras?

PONCIO PILATO: ¡No creo en los sueños, querida Claudia.

CLAUDIA: ¡Pues yo he visto a través de las paredes de mi cámara, una horda de hombres feroces, entre ellos iban soldados tuyos, ancianos y sacerdotes del consejo. Llegaron al monte de los olivos. Allí estaba Jesús orando como de costumbre. Al verle se le arrojaron sobre él como lobos hambrientos. Jesús con su mansedumbre, se dejo atar las manos a la espalda; luego le condujeron a casa del pontífice. Por el camino las burlas y los crueles golpes se prodigaron con un lujo criminal. Jesús sufría todo, diciendo con dulcisima voz. “Perdónalos padre mío, no saben lo que hacen”.

                   ¿Poncio, Poncio? En Jerusalén va a cometerse un crimen espantoso. La sangre del inocente caerá sobre tu nombre mancillándole eternamente.

                   “Tú eres juez Romano, tu solo tienes derecho de vida y muerte sobre los judíos”.

                   Yo vengo a rogarte, a suplicarte que no seas cómplice de tan nefasto crimen.

 

NARRADOR: ALGO PREOCUPADO CON LA NARRACION DE SU ESPOSA PILATO CONTESTO:

PONCIO PILATO: “¡Desecha vanos temores, tú lo has dicho!, todo eso no es otra cosa más que un sueño, pero si ese sueño fuera una realidad: ¡Te juro que yo defenderé a Jesús!, siempre que Jesús no haya conspirado contra Tiberio”

CLAUDIA: ¡No olvides, que tengo tu palabra!

PONCIO PILATO: “¡Confía!, la sentencia de Jesús, si no resulta enemigo del imperio, no se firmara... ¡Ah, y en prueba de ello!...¡Te entrego mi anillo!... ¡Estas contenta de mi!

CLAUDIA: ¡Oh!, Si Poncio mío. Estoy contenta por que voy a evitar una infamia.

NARRADOR: CLAUDIA, OBSERVANDO QUE SU ESPOSO SE SONRIE, CONTINUA

CLAUDIA: ¿Dudas todavía de la realidad de mi sueño?

PONCIO PILATO: ¡Siempre has tenido una imaginación soñadora!

NARRADOR: APENAS PONCIO PILATO ACABA DE DECIR ESTAS PALABRAS, CUANDO “CAYO-APPIO”, UN CENTURION DE LA GUARDIA PRETORIANA, ENTRA EN EL CAMERIN. CAYO-APPIO ES ESPAÑOL COMO PILATO Y LOS DOS HIJOS DE TERRAGONA. EL GOBERNADOR TIENE EN CAYO, A UN AMIGO LEAL Y UN SUBDITO FIEL.

PONCIO PILATO: ¿Qué ocurre Cayo?

CAYO-APPIO: ¡Señor, los sacerdotes te traen un reo para que le juzgues!

NARRADOR: CLAUDIA MIRA A SU ESPOSO Y DICE:

CLAUDIA: ¡Ese que viene ahí, es Jesús de Nazaret, mi sueño, mi sueño era una revelación!

 

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