LA MUJER, EL HOMBRE Y LA "VOCACION" (1994)


CARLOS ALBERTO BARZANI

Lic. en Psicología 

Residente del Hospital General de Agudos Enrique Tornú (1998-2002)

Jefe de Residentes Hospital General de Agudos Enrique Tornú (2002-2003)

Coordinador de grupos

Tel: 6317-9769

(15) 4075-9769

E-mail: carlosbarzani@movi.com.ar

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A partir de mi participación en varios grupos de orientación vocacional para adolescentes, inmediatamente llamó mi atención la inquietud por parte de muchas integrantes femeninas de los diferentes grupos, de seguir una carrera corta o bien, una carrera que les insumiera pocas horas de estudio y a la vez no muchas horas de trabajo una vez recibidas. El motivo: su futura función de Madres y Esposas.

En principio podríamos pensar que esta inquietud era "natural" en un proceso de elección vocacional, ya que estas jóvenes estarían elaborando un "Proyecto de vida". Por otro lado, esta inquietud no aparecía en los varones, en el caso de plantear el deseo de seguir una carrera corta no tenía que ver en ningún caso con su futura función de Padres o Esposos.

Una cuestión a develar y a tener en cuenta, es la manera en que el Poder instituido se hace presente en las "elecciones" de las personas que componen una sociedad a través del llamado "sentido común".

Foucault enfatizó la capacidad del poder de producir comportamientos y no tanto la de inhibir las conductas. Si el poder no fuera más que represivo, si no hiciera nunca otra cosa que decir no, se lo resistiría. Lo que hace que se lo acepte es que no pesa solamente como una fuerza que dice no, sino que de hecho produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursos, conforma sujetos. Es decir, el poder no niega nuestro deseo, sino que le da forma, lo convierte en su siervo... A través de prácticas extradiscursivas, emblemas, mitos, creencias, rituales, tabúes, que "hablan a las pasiones" y que en consecuencia hacen que los miembros de una sociedad sientan como propios, deseos y necesidades que son impuestos desde el Poder. Este universo de significaciones [o dicho en otras palabras el imaginario social (*)] disfraza al poder, de forma tal que más que a la razón interpela a las emociones, sentimientos, suministrando también la forma que tendrán los comportamientos de agresión, de temor, de seducción e instituyendo de esta manera, las formas de relación social y estableciendo lo que las personas que conforman esa sociedad discernirán como , lo bueno y lo malo, lo lindo y lo feo, lo moral y lo inmoral, lo cuestionable y lo imposible de ser siquiera pensado. Anudando de este modo los deseos al Poder.

Tengamos en cuenta que toda persona es objeto de este "bombardeo" desde que nace, lo que conduce a percibir a la sociedad como "dada", como "natural", perdiéndose así conciencia de que el mundo fue "construido" por los seres humanos y que, por lo tanto, puede ser re-hecho por estos/as.

 

LA MUJER- MADRE

Estos mitos sociales resultan eficaces a través de la repetición insistente del mismo mensaje. Se sostiene el mismo argumento desde una multiplicidad de discursos: político, científico, religioso, televisivo, la escuela, la familia, etc.

Por ejemplo: los libros de lectura con los que aprendimos a leer nos mostraban, no sólo que "la familia" estaba formada por Mamá, Papá, el nene y la nena (a veces también el perro); sino que además Papá iba a trabajar y Mamá se quedaba en casa cuidando a los "nenes". También veíamos en las ilustraciones, que mientras Papá leía el diario o miraba la televisión fumando una pipa, Mamá cocinaba la cena. Esto lo incorporamos como "natural", como incuestionable, no podía ocurrírsenos que las cosas no fueran así. De esta misma forma, se sostiene el invento cultural del "deseo siempre presente en toda mujer" de criar y parir un hijo convirtiendo la maternidad en la elección prioritaria femenina.

 A partir del "deslizamiento de sentido" (o de significado) que produce el imaginario social se vuelven equivalentes dos cuestiones muy diferentes, ya que no es lo mismo decir que "para ser madre hay que ser mujer" que, "para ser mujer hay que ser madre".

Se piensa que si una mujer no es madre no puede sentirse realizada como mujer o no podría ser una "verdadera mujer". Entonces, al definir a la mujer por una de sus funciones: la función madre, se jerarquizan determinadas funciones en detrimento de otras. Quedan relegadas otras posibilidades; su erotismo y su posibilidad de individuo productivo-creativo.

Otro recurso a través del cual este mito ("para ser mujer hay que ser madre") mantiene su eficacia es la ilusión de naturalidad. Situando a la maternidad como un hecho biológico, de la naturaleza y no de la cultura. No teniendo en cuenta, además, que no se nace madre, que a ser madre se aprende y que el requisito biológico es la condición necesaria pero no suficiente de la maternidad. Esta atribución de la maternidad al orden de la naturaleza oculta las perspectivas socio-histórica y antropológica, que permitirían analizar los dispositivos sociales y culturales en los que la maternidad se inscribe, en diferentes culturas y en los diferentes momentos históricos de una sociedad.

De esta manera, permanece invisible que con las tareas hogareñas realizadas "por amor" por la esposa-madre se ahorra un salario. Que para formar hombres exitosos, con espíritu competitivo y aspiraciones de poder, se necesita que en su infancia sean sostenidos por madres, y en su adultez por dulces esposas que "por amor" puedan postergarse para que estos hombres "modelo", de nuestra sociedad, triunfen. (Fernández, 1993)

 

MUJERES PROFESIONALES

Una vez recibidas, podríamos dividir a las profesionales en cuatro grupos: las que emprenden un decidido camino de profesionalización, las que toman la profesión como actividad secundaria en relación a su rol doméstico, las que no llegan a ejercer nunca y las que recuerdan su título cuando sus hijos se independizaron. Esto se contrapone a los varones que salvo excepciones (económicas en su mayoría), el ejercicio de la profesión es lo más común.

Podemos arriesgar que en nuestra sociedad las expectativas en la obtención de un título universitario tienen más que ver con el incremento de "la cultura" de la mujer ( es decir un adorno más ) que de una expectativa de su incorporación al mercado laboral y a la esfera pública a la par del hombre.

 

¿Y LOS VARONES?

Otra cuestión que merece ser examinada es la violencia "simbólica" ejercida desde el sistema patriarcal sobre los adolescentes de sexo masculino en relación a las carreras que "debe" estudiar un hombre.

Aunque la persona decida estudiar una carrera que no concuerde con lo que se establece como carreras para hombres o carreras para mujeres; una vez recibido/a tendrá que enfrentarse a la resistencia por parte del entorno social en emplear profesionales del sexo "no tradicional".

En una charla con profesores/as de Educación Física se manifestaron varias cuestiones que pueden servir a modo de ejemplo:

Del mismo modo que hay ocupaciones o profesiones "de hombres" y "de mujeres" también ocurre que determinados trabajos tradicionalmente "de mujeres" comienzan a ser elegidos por hombres. También podemos comprobar que estos hombres comienzan a ser sospechados de ser "homosexuales". De este modo, el Sistema genera los "anticuerpos" para evitar los cambios, a través de la burla y la ridiculización de los que se atreven a transgredir la norma establecida.

Por otro lado, podríamos pensar que los hombres y las mujeres que no acatan el mandato de la heterosexualidad exclusiva como su forma de vida, no se sienten tan presionados/as a cumplir con el estereotipo de lo que debe ser un hombre y lo que debe ser una mujer, y pueden dedicarse a una profesión no tradicional, más libremente.

Los hombres que son "conducidos" a seguir carreras "masculinas" frustrándose su verdadero deseo y la gran cantidad de mujeres que caen en la depresión una vez que sus hijos han crecido, que llegadas a cierta edad sienten que se han "postergado" por su dedicación a los hijos y al hogar, requieren que ante determinadas situaciones en el proceso de elección de un proyecto de vida, tengamos presentes estos mecanismos que violentan y trituran las diferencias provocando inhibiciones y frustraciones en las vidas de hombres y mujeres.

 

Nota

  (*) Intuitivamente podemos pensar al "imaginario social" como la "mentalidad" de una sociedad en una época determinada de su historia.

 

Bibliografía

Fernandez, Ana María "La Mujer de la ilusión" Ed Paidós, Buenos Aires 1993

Foucault, M.(1978): “Verdad y Poder” en Microfísica del Poder, trad.: J.Varela y F. Alvarez-Uría, La Piqueta, Madrid, 1979, 175-189.


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