Diario de Sevilla, lunes 3 de febrero de 2003

 

El juicio de Muebles Peralta se celebrará esta primavera
El derrumbe provocó la muerte de cuatro personas y heridas a otras 180, de las que 160 ya han sido indemnizadas, lo que el fiscal estima como un atenuante.

 

ANIVERSARIO
Hoy hace tres años del accidente, que requirió ayuda técnica masiva.
CARMELO DOMÍNGUEZ

AGENCIAS.   


Hoy se cumplen tres años del derrumbe de las instalaciones de Muebles Peralta de Dos Hermanas, que causó la muerte a cuatro personas y heridas a otras 180 personas. Según precisaron a Efe fuentes judiciales, el Juzgado de lo Penal número 4 tiene previsto iniciar el juicio entre abril y mayo.

Francisco Peralta, propietario de la empresa, será juzgado por cuatro delitos de homicidio imprudente, tres de lesiones con pérdida de un órgano principal, 23 delitos de lesiones con pérdida de un órgano o miembro no principal y cien delitos de lesiones por imprudencia grave.

El juicio se celebrará con una petición de la Fiscalía de Sevilla para Peralta de tres años de cárcel por la totalidad de los delitos de homicidio y lesiones que le imputa, en una calificación provisional que le aplica la atenuante de reparación del daño causado, ya que el empresario ha indemnizado a 160 de los heridos o familiares de los fallecidos y sus abogados negocian acuerdos con las restantes personas damnificadas. No obstante, alguna de las acusaciones particulares ha solicitado hasta un total de 69 años de cárcel por delitos de homicidio y lesiones, al calificar cada uno de ellos por separado.

El dueño de Muebles Peralta está acusado por el derrumbamiento ocurrido en su tienda el 3 de febrero de 2000 al concentrarse unas 200 personas en la primera planta del establecimiento. A consecuencia del hundimiento, que un informe pericial atribuyó a fallos en los forjados que conocía el propietario, murieron tres personas, otra falleció un año después por las secuelas y 182 personas resultaron heridas.

El siniestro, según recuerda Europa Press, se produjo pasadas las 10:00 de aquella mañana, cuando el público se concentró en la primera planta de la nave con la finalidad de adquirir uno de los 60 sillones orejeros que habían sido rebajados a un precio de 18 euros.

Fue entonces cuando el centro del pasillo comenzó a ceder, produciéndose en breves segundos su hundimiento y el desplome en una extensión de 12,9 metros de largo por 5,5 metros de ancho, arrastrando en su caída a numerosas personas que se precipitaron hacia la planta sótano del edificio. El informe pericial encargado por el juzgado que investigó el caso puso de manifiesto que el edificio no era apto para "ningún tipo de uso", ni siquiera como almacén, dado que los forjados del inmueble no se encontraban en condiciones ni habían sido debidamente reforzados, al tiempo que no aguantaban el peso límite establecido en la normativa vigente.

El perito concluyó que el colapso se produjo por la "mala ejecución del forjado y la mala calidad de los materiales empleados" y fue contundente al señalar que en la zona del hundimiento no existía ningún tipo de refuerzo, dado que la sobrecarga de rotura del forjado, según las pruebas realizadas, era de 156 kilos por metro cuadrado, muy inferior a la normativa de obligado cumplimiento, que establece una sobrecarga de 480 kilos por metro cuadrado.

El juzgado de Dos Hermanas procesó en un principio por cuatro delitos de homicidio por imprudencia grave y 126 delitos de lesiones, a Francisco Peralta Martínez, administrador único de la sociedad Bética Industrial, propietaria de las instalaciones. Una vez finalizada la instrucción, la causa se trasladó al Juzgado de lo Penal número 4 de Sevilla.

Según el instructor, el empresario actuó de forma negligente porque, aun conociendo el peligro de derrumbe de la nave, permitió su utilización y la entrada a un gran número de personas, al tiempo que recordaba que Muebles Peralta había ganado en 1996 una demanda a la constructora de la nave por las deficiencias en la estructura y recibió una indemnización de 528.890 euros, dinero que no invirtió totalmente en realizar reparaciones.

La defensa pedirá la libre absolución en el juicio, al entender que no existe dolo en la actuación del imputado porque el derrumbe era "imprevisible". La defensa alega además que el acusado pasaba unas 14 horas al día en la nave siniestrada, a la que también acudía a diario su nieta, lo que considera una muestra de que no era consciente del riesgo de desplome.