Ruinas en construcciones antiguas

Gabriel López Collado

1976
Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo


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Refuerzo y nuevos forjados

Colgado de artesonados

Una de las operaciones que frecuentemente tenemos que realizar es la de salvar artesonados apolillados o de maderos cedidos o partidos. Si éste trabaja como forjado de piso de la planta superior, tendremos que suspenderlo de un nuevo forjado resistente. Para ello (figura 116), una vez apuntalado exteriormente el muro, se coloca un apeo en el interior cortando el vano a la luz de los maderos. Este apeo estará compuesto de una solera de tablón en el suelo para repartir las cargas, postes de rollizo de 1 a 1,5 m. entre ejes, y una sopanda en contacto con los maderos.

Como los maderos de piso tendrán distinta flecha, precisaremos acuñarlos uno a uno a la sopanda, sin forzar a los que se resistan, pero si a los que estén más bajos que el resto y cedan al golpear las cuñas.

Terminada esta operación, hemos de descubrir por la parte superior el trasdós del artesonado, en el caso de que esté cubierto por morteros y solados. Si el pavimento fuese de tablas directamente clavadas a los maderos o a rastreles sobre ellos, no desmontaremos nada para que todo ello haga la función que  pretendemos, de encofrado.

Al desmontar los pavimentos quedarán al descubierto las zonas podridas de los maderos y artesonados, que trataremos químicamente para cortar su proceso. Realizado esto, clavotearemos con tornillos de cabeza cuadrada, denominados barraqueros, a lo largo de todos los maderos, de tal forma que estos tornillos queden con 5 cm. sin clavar, para que sean recibidos al hormigonar. Si se trata de un artesonado, clavaremos puntas en todas las piezas que consideremos interesantes para que queden colgadas del nuevo forjado de piso. Pintaremos con minio, carbolineo, etc., para evitar que el hormigón pueda dañar la madera. Taparemos a continuación todas las juntas de las piezas que forman el artesonado pegando tiras de papel fuerte para evitar que por ellas pase la parte fluida del hormigón, manchando y dañando a la madera.

Realizado todo lo indicado anteriormente, trataremos ahora de fundir una losa maciza de hormigón armado, si la flecha del antiguo forjado no es grande; si lo fuese, la losa ha de ser aligerada con ladrillo hueco.

Para el cálculo de la armadura en esta losa tendrémos en cuenta que hemos de poner primero un mallazo de reparto y sobre él, a cada 60 ó 65 cm., las varillas, con sus extremos empotrados el máximo posible, mediante unos mechinales que iremos abriendo alternadamente con el mayor cuidado posible para no debilitar los muros, en los que recibiremos con buen mortero las garrotas de las varillas, antes de fundir la losa.

...El único problema que se peresenta con el forzoso recrecido del forjado con este sistema es en la salida de los balcones, por lo que tendremos que acortar las carpinterías por su parte inferior y colocar un peldaño de piedra, de la repisa al exterior, pero quedará salvada la fachada y el artesonado...

Refuerzo de artesonado con carreras

Si los artesonados que han de reforzarse están formados con vigas maestras o carreras y maderos de piso, con artesas, no podremos emplear el procedimiento descrito en el apartado anterior, por representar mucho peso para el edificio. La solución ha de ser como se dibuja en la siguiente figura.

Limpiaremos de pavimentos y morteros todo el maderamen de que está formado, previo apeo de la fachada y apuntalados interiores de éste, como en el caso anterior. Cepillaremos toda la cara superior de la madera que ha quedado descubierta, para poder dar una capa de carbolineo tirado apistola.

Terminada la operación de limpieza, iniciaremos el montado de un nuevo forjado metálico, formado por carreras y vaigas con perfiles I.

Se colocarán las carreras a ejes con las vigas maestras de madera y en contacto con ellas, con las entregas necesarias para que hagan la doble función de cargar en los muros y atirantarlos. Para que esto ocurra es necesario soldar puntas de viguetas en cada una de las dos cabezas de las vigas de hierro, con un largo aproximado de tres veces el grueso de la viga de madera sobre la que se ha colocado, para que, bien macizado con hormigón el mechinal donde ha sido alojada, pueda repartir la carga y atirantar el muro.

 

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54. Fallo en los maderos de piso

En gran número de casos, la causa de los pandeos en muros de las edificaciones antiguas, hacia el exterior, son debidos al fallo de los maderos de piso, que dejan de enlazar unos muros con otros, generalmente al descomponerse el extremo que se apoya en la fachada. Esto suele ser debido a la humedad recibida al descarnarse los morteros con que están recibidas las impostas, como señalamos en la figura

... o de las sucesivas entradas de agua de lluvia por los balcones y ventanas mal cerrados

Otra de las razones suele ser, en casos menos frecuentes, por calcinarse los brochales y extremidades de los maderos de piso contiguos a las subidas de humos de las chimeneas de leña

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66. Sustitución de maderos de piso

No en todos los casos se desploman las fachadas al destruirse por descomposición de las cabezas de los maderos, pudiendo estos seguir trabajando simplemente con una ligera reparación, evitándose sustituirlos y hacer nuevamente los forjados de piso. Si los maderos están algo cedidos y su flecha es pequeña, no deben sustituirse. Únicamente quitar los que se encuentren partidos y sustituirlos, al ser posible, por otros procedentes de derribos, que también tengan algo de flecha, acoplándolos a las secciones de los desmontados. Si los maderos cuyas puntas se encuentran podridas descansan sobre carreras exteriores a fachada, tenemos pocas soluciones para sanearlos, únicamente reforzar según indicamos en la figura 119, mediante unas pletinas forjadas que abracen sus dos caras y descansen en la carrera. En la figura antes indicada representamos el peor de los casos, cuando la testa del madero es vista.

En los extremos de las pletinas se les hará con forja unas pequeñas pestañas que recogerán a los maderos por su cara inferior, sirviendo de apoyos a éstos, con el fin de sujetarlos lejos de la parte podrida o apolillada.

Si los maderos que encontramos con cabeza pasada cargan en muro o sobre arcos, podemos adoptar una antigua solución, acoplando bajo ellos una carrera adosada a la fábrica, sobre ménsulas de piedra, como dibujamos en la figura 120, o sobre piezas de hierro, como en el dibujo 121, si no queda espacio para las ménsulas. Independientemente de sanear los maderos, o las entregas de éstos, ha de hacerse el atirantado de los muros mediante varillas alojadas bajo los pavimentos pasantes al exterior, si fuera preciso, y bien ancladas en los muros interiores.