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Razón y Ser de los tipos estructurales
Eduardo Torroja
Textos Universitarios nº 13 (1957)
El piso y el edificio
Desde que los hombres se contagiaron de la curiosa
manía de amontonarse unos encima de otros, el piso se hizo necesario
para multiplicar la superficie útil donde poder alojarse; y, cuando el
ascensor ha permitido suprimir la incomodidad de la escalera, el número
de pisos superpuestos se ha multiplicado hasta crear el rascacielos con
rapidez y facilidad de crecimiento asombrosas.
Ello es perfectamente comprensible; porque sostener un
piso encima de otro es, después de todo, un problema sencillo y hasta
monótono.
Como siempre, cada material ofrece una solución
elemental diferente, que las dimensiones, en planta, vienen luego a
modificar y complicar. Pero, en el piso, estas variantes son menos
numerosas y diferenciadas que en otros problemas. Con losas, placas,
viguetas y cargaderos se compone la inmensa mayoría de los pisos;
porque, ni estos elementos permiten grandes variaciones de dimensiones,
ni el planteamiento general suele exigirlo.
Los pisos de madera de los primeros palafitos debieron
estar formados por troncos acostados unos al lado de los otros,
insistiendo sobre otros dos atravesados y montados, a su vez, sobre los
verticales de soporte, verdaderos pilotes hincados en el terreno.
Probablemente, un relleno de arcilla hacia el pavimento; y, si no fue
así, pudo serlo.
Al repetir el tipo otros artistas, capaces, ya, de
serrar la madera, idearían sacar varias tablas delgadas de un mismo
tronco para formar directamente el pavimento; y como éstas, por su
escaso canto, no admitían más que pequeñas luces sin flectar
demasiado, las apoyarían sobre vigas de madera escuadrada, colocadas de
canto - para mejor aprovechar su momento de inercia, decimos hoy -, sobre
otras que, más distanciadas, soportarían toda la carga de soporte a
soporte (fig. XIII. 1).
Algún propietario grueso y pesado - fruto de los
adelantos de su civilización - observaría con disgusto que, al pisar
sobre una tabla, ésta flexaba más que las contiguas, sin que éstas
viniesen a ayudarla; e inventó el machihembrado para obligarlas a ello.
Después de este genial inventor, los pueblos madereros han tenido poca
originalidad, y continúan, hasta nuestros días, utilizando el mismo
sistema estructural; prueba de que lleva, en sí, virtudes dignas de considerar.
En primer lugar, se observa que, a medida que las
dimensiones aumentan, interesa, más y más, descomponer el sistema en
varios elementos, concentrando, en los principales, el máximo canto;
porque, de este modo, se reduce el volumen total de material empleado sin
disminuir la rigidez del conjunto y se aprovecha mejor el espacio
inferior y las alturas libres.
Este aprovechamiento es aún mejor si los cargaderos,
que sobresalen más por debajo del plano de piso, se alojan en fachadas o
a plomo de tabiques interiores. Por otra parte, los planos verticales que
éstos ocupan, permiten alojar, entre ellos, soportes, jabalcones u otros
elementos que reduzcan la luz libre de los cargaderos o, inclusive,
permiten suprimir éstos utilizando, como elemento soportante, el propio
muro continuo, a la vez que sirve de cerramiento.
El hierro ha seguido, en sus formas, los mismos
principios de la estructura de madera, sin variar más que el tipo de
enlace y el de entablado o forjado. Parece que su mayor resistencia ha de
permitir sustituir las tablas de madera por chapas más delgadas; pero,
aparte de su mayor coste, su peligro de oxidación y su poco agradable
aspecto, la gran flexibilidad que presentan las chapas, con su reducido
canto, las hacen impropias para ello. Por eso, cuando se ha tratado de
utilizarlas en pavimentos de puente, ha sido necesario darles forma
bombeada para que puedan trabajar como verdaderas bóvedas en rincón de
claustro invertidas, atadas por los cuatro lados del rectángulo; y
cubrirlas con balasto para formar el paviemnto y para repartir las cargas
concentradas sobre una mayor superficie de chapa. Con ello, se evitan los
peligros del punzonado y de la concentración de flexiones que las cargas
aisladas fuertes producen siempre sobre elementos de espesor demasiado
reducido.
Las dimensiones de estas placas, o sea, las separaciones
entre las viguetas o los cargaderos que las bordean, vienen muy
condicionadas por la intensidad y por el tipo de sobrecargas que han de
soportar. Así, por ejemplo, en los pisos de puente, en los que las
sobrecargas más fuertes son producidas por vehículos, éstas llevan sus
ruedas y ejes a distancias más o menos determinadas; interesa, por
consiguiente, que la separación, entre viguetas transversales a la
dirección del tráfico, se aproxime a la distancia entre ejes, para que
nunca cargue más de uno de éstos sobre cualquiera de aquéllas ni sobre
la luz de la placa. El reducir esa separación de viguetas, multiplica su
número sin reducir la carga sobre cada una de ellas; y el sobrecosto
consiguiente puede compensar y, aun sobrepasar, la economía que pudiera
presentar la placa por la reducción de su vano.
El hormigón armado ofrece, ya, soluciones de mayor
originalidad y eficacia. Por de pronto, aun repitiendo el mismo tipo de
la madera, el embrochalado de viguetas y cargaderos se realiza, con este
material, con mucha mayor facilidad o naturalidad que con el acero; pues
éste requiere, para ello, cortes y soldaduras o roblonados ajustados y
costosos; y el embrochalado es el único modo de reducir la altura,
funcionalmente perdida, del sistema de entrevigado.
En segundo lugar, el monolitismo de la viga con la losa
de piso, no sólo produce una reducción directa de la altura del sistema
formado por ambas, sino que permite utilizar el mismo material de la
losa, como cabeza de compresión de la viga, reduciendo, sensiblemente,
el volumen de material empleado.
El mayor espesor, que admite económicamente la losa de
hormigón, permite distanciar más las viguetas, con lo que los efectos
de una posible carga concentrada se disminuyen; pues cada viga abarca
mayor superficie de piso y, por tanto, es menor la influencia relativa de
una carga concentrada cualquiera.
La viga en T, de hormigón armado, se presta muy bien,
como ya se dijo, a trabajar como viga apoyada; pero, para reducir el
área de flexiones sobre ella, interesa aprovechar sus posibilidades de
empotramiento y de continuidad sobre varias luces. Los momentos negativos
en arranques, que de ello resultan, hicieron nacer el cartabón...
...Ha sido necesario esperar al nacimiento del hormigón
para mejorar las ideas del gordo y comodón inventor maderero. La
continuidad del hormigón y su posibilidad de armado, en varias
direcciones, permiten hacer intervenir un ancho de losa mucho mayor en el
fenómeno resistente, bajo la acción de una carga concentrada, y
asegurarla oportunamente con la armadura de repartición.
La misma idea, como se comentó al hablar de placas, se
desenvuelve y se resuelve en un elemento específicamente distinto, cual
es la placa rectangular trabajando, simultánea y primariamente, en las
dos direcciones, como un entrecruzado de tablas soldadas entre sí y
fundidas en un solo elemento.
La placa de armaduras cruzadas permite, de este modo,
cubrir espacios rectangulares mayores, con un canto aceptable y con un
máximo aprovechamiento de la altura libre, no sólo porque el momento
flector se reparte entre las dos direcciones, sino porque la suma de
ambos resulta francamente menor que el momento correspondiente a la losa
simple trabajando en una sola dirección según el lado menor.
El hormigón ofrece, en fin, la solución, totalmente
específica, de la placa continua sobre soportes aislados, sin más
intermedio que el capitel. Desgraciadamente, el tamaño de éste resulta
difícil de aceptar estéticamente y de disimular en edificios de
vivienda si la placa es de poco espesor; pero, en almacenes y naves
industriales (figura XIII.3), el tipo estructural es de gran interés por
el reducido espesor que requiere, por la sencillez de encofrado que
ofrece y por la superficie lisa de techo que presenta sin necesidad de
cielos rasos ni revestimientos inferiores. Alojar en su masa las
conducciones eléctricas y las tuberías de calefacción para hacer toda
su superficie radiante a baja temperatura, es la solución más simple de
todas; placa y columna con capiteles forman la estructura entera con o
sin muros de cierre.
Su posibilidad de adaptarse económicamente a
distribuciones de soportes en triángulo, o a tresbolillo, facilita la
circulación para garajes y otros usos; y hace, de este tipo estructural,
uno de los más interesantes, sencillos y convincentes como estructura de
piso.
...
Esta necesidad de reducir el coste de los encofrados, ha
desarrollado mucho el empleo de viguetas
prefabricadas; y el hormigón
pretensado ha encontrado, en ellas, uno de los más productivos campos de
aplicación. Evidentemente, en este tipo de construcción padece el
monolitismo, típico del hormigón armado; pero, poco a poco, se han ido
ideando tipos de junta cuyo enclave y rejuntado permiten recuperar, en
buena parte, las ventajas de la continuidad.
Y, por último, el sistema se ha completado con el
empleo de bloques huecos, también prefabricados, para formar el forjado
entre viguetas y, simultáneamente, el cielo raso o superficie lisa del
techo...
Fuera de la madera, el acero y el hormigón, sólo
quedan por considerar las aportaciones que la piedra o el ladrillo pueden
brindar al tema del piso. El ladrillo, también exageradamente
menospreciado, empezó a aportar sus bovedillas entre viguetas para
soportar un rellano que sirve, simultáneamente, de asiento al pavimento
y de amortiguador a ruidos y vibraciones.
Ciertamente, esta solución aumenta el peso muerto;
pero, como las luces no son grandes, ello ofrece sus ventajas, pues los
pisos ligeros de hoy se asemejan demasiado frecuentemente a un pandero.
Pero, con ser ese de las pequeñas bovedillas, uno de
los empleos clásicos de ladrillo, no es, ni con mucho, el límite de sus
posibilidades. El ha creado ese eficaz invento constructivo que es la
bóveda tabicada; porque, con rasillas y yeso o cemento rápido, un
albañil avezado es capaz de hacer, en pocas horas, la más variadas
formas resistentes, sin otro herramental que gaveta y paleta. Ciertos
pisos extremeños, son simples bóvedas rebajadas en rincón de claustro
(fig. XIII. 5), cubiertas de tierra hasta el nivel del piso, y estribadas
sobre gruesos muros, de ladrillo o de adobe, que la dureza del clima y
la naturaleza del suelo aconsejan en aquellas regiones.
...
Y puesto que, al fin y al cabo, pisos son las escaleras,
no está fuera de lugar citar la bóveda catalana...
La bóveda rebajada, sobre
muros, como elemento sustentante de un piso, presenta dos inconvenientes:
los empujes que da sobre los muros y la
pérdida de altura que impone en sus arranques. El primer problema sólo
puede resolverse parcialmente estableciendo tirantes, por encima de la
bóveda (fig. XII. 7a), tangentes a su clave, y hacer que la estructura
de los muros resista la flexión que produce el par de fuerzas
tirante-empuje; flexión que varía poco con el rebajamiento de la
bóveda. Pero, entre esta solución y la del pórtico no hay gran
diferencia desde el punto de vista resistente-estructural; y , en
definitiva, no parece ser tipo que permita un desarrollo mayor que el del
pórtico o unión monolítica de viga y soportes.
...
Porque la estructura horizontal no es solamente el
elemento sustentante del piso, sino también la encargada de arriostrar
los elementos verticales sustentantes y dar estabilidad al conjunto,
impidiendo el deslizamiento horizontal de un piso respecto a otro o
respecto a la cimentación. En cuanto el edificio es un poco alto, los
muros de crujía son incapaces, por sí solos, de asegurar esta
estabilidad, pues requerirían, para ello, espesores inaceptables
económica y funcionalmente.
En edificios de cuatro fachadas, la estabilidad se logra
económicamente utilizando la placa de piso como elemento
transmisor de los empujes de viento, que recibe una fachada, a los
muros perpendiculares a ella, y que tienen, en general, etabilidad y
rigidez sobradas para ello. Con grandes alturas de edificio, cada piso
puede servir también para arriostrar los muros, actuando de diafragmas y
rigidizadores del tubo vertical, de poco espesor, que forman las
fachadas.
Si faltan los muros continuos o si están formados por
materiales no estructurales, sino sostenidos por un entramado vertical
independiente, es necesario que éste se complete monolíticamente con el
entramado horizontal para resitir los empujes de viento, etc. En este
caso, los efectos, debidos a estas acciones, se suman a la flexión
propia del piso y pueden condicionar la estructura de éste. Las
flexiones pueden resultar tan fuertes, en las vigas o en los soportes,
que sea necesario establecer triangulaciones
en planos verticales para hacer la estructura suficientemente resistente
y rígida...
La placa es un elemento en el que lo tensional toma
importancia más fundamental; por lo que, en ello, habrá que extenderse
relativamente más que en otros elementos.
En primer lugar, cuando en la viga de sección
rectangular el ancho es varias veces superior al canto y se hace
comparable con la luz, en el lenguaje técnico no se habla ya de una
viga, sino de una losa. Este elemento constituye la forma más elemental
de cubrir una superficie entre dos muros o líneas de apoyo paralelos;
pero ha tenido poco desarrollo hasta que el hormigón armado ha permitido
construirla monolíticamente.
Si actúa sobre una losa una carga concentrada o
simplemente una carga desigualmente repartida de una banda a otra (fig.
IX. 10a), la deformación longitudinal de la banda más cargada tiene que
ir acompañada, no sólo de flexiones longitudinales decrecientes en las
bandas contiguas, sino que, simultáneamente y por exigencias de la
continuidad geométrica, ha de producirse una flexión transversal. Esta
presenta igual signo que la longitudinal junto a la zona cargada y signo
contrario a los lados de ella, para enlazar con la zona no interesada por
el fenómeno de la carga local.
Así, pues, siendo la losa de hormigón armado, se
requiere (figura IX, 10b), además de la armadura longitudinal o
principal, otra transversal o inferior e, inclusive, se requeriría
completar ésta con otra superior para los momentos negativos; pero, como
éstos son menores que los positivos bajo la carga, se prescinde
corrientemente de esta última por la pequeñez de las tracciones que
habrían de resistir.
...
Pues bien; si la losa, en lugar de apoyar sobre dos
lados opuestos solamente, apoya sobre sus cuatros lados - como en el caso
de cubrir un recinto sensiblemente cuadrado rodeado de cuatro muros
(figura IX. 10c) - , todos estos fenómenos pasan a alcanzar valores
esenciales en el fenómeno resistente y crean un nuevo elemento
estructural, que es la "placa" apoyada en el contorno. Esta
placa está caracterizada por trabajar en flexión, necesaria y
fundamentalmente, en dos direcciones ortogonales. En ella, no es posible
el trabajo de flexión en una dirección sin que se produzca también en
la ortogonal, cualquiera que sea el tipo o reparto de cargas que actúen
sobre ella.
El contorno de la placa puede ser rectangular,
poligonal, circular, elíptico, etc. De su forma y proporciones y del
tipo de carga dependerá el que las flexiones, en una u otra dirección,
sean mayores o menores. En cada punto aparecerán dos direcciones
principales de flexión y dos magnitudes de estos momentos flectores que
determinan, en unión de los esfuerzos cortantes, el estado tensional
fundamental.
Si, en hormigón armado, cada flexión principal
requiere su armadura propia; en cambio, el mismo hormigón es capaz de
resistir las dos compresiones a la vez, sin merma de su capacidad
resistente para cualquiera de ellas independientemente. Es decir, que, en
la fijación del espesor de la placa, necesario para resistir los efectos
de estas compresiones, es solamente la mayor de ellas la que influye. Si
ambas son iguales - como en la placa cuadrada, o en la circular - , el
hormigón, por así decir, se aprovecha dos veces; y esta es, desde el
punto de vista mecánico, la principal ventaja de este elemento
estructural.
La ventaja sería aún más completa con el acero, por
resistir su masa, con igual ventaja, la doble compresión que la doble
tracción. Sin embargo, en construcción, sus posibilidades de
realización, en chapa metálica, son muy reducidas por razones
económicas y de fabricación.
En el trabajo de una placa rectangular, se producen
necesariamente torsiones. Basta observar el tipo de deformación que, a
una banda contigua al apoyo, le imponen las deformaciones de las bandas
que cruza, para comprenderlo inmediatamente (fig. IX. 10c).
Este fenómeno de torsión coadyuva al trabajo tensional
y alivia en buena parte los esfuerzos de flexión; pero, aun
independientemente de ello, hay que tenerlo en cuenta, por cuanto
representa un nuevo peligro de fisuración, especialmente en las
proximidades de las esquinas de la placa, donde las torsiones son
mayores. El fenómeno se aclara quizá mejor observando que, en la
proximidad de las esquinas, la luz, según la diagonal aa (fig. IX. 10c),
es muy corta y, por tanto, las flechas, que toma la placa, han de
producir, en esa dirección, una fuerte concavidad hacia arriba con la
correspondiente flexión que pide una armadura, según la diagonal aa por
la cara inferior de la placa. Del mismo modo, pide otra perpendicular a
ésta, por la cara superior, porque la placa, por el mismo fenómeno,
tiende a levantar de puntas, despegándolas de los apoyos y dejándolas
en voladizo.
Por lo demás, en la placa apoyada sobre el contorno,
las tensiones cortantes tienen poca importancia mientras no se vaya a
dimensiones muy grandes; y la placa de hormigón armado, en general, no
admite económicamente dimensiones demasiado fuertes. Con ellas, pide el
empleo de vigas y viguetas para reducir su espesor y su peso excesivos.
Tampoco tiene interés cuando la luz, en una dirección,
es mucho mayor que en la otra, porque lo esencial, en la placa, es el
trabajo conjunto de las flexiones en ambas direcciones. En cuanto la
relación entre ambas se aproxima a dos, toda la flexión carga
prácticamente en una dirección; y se pasa a un estadio parecido al de
la losa citada al comenzar este apartado.
Pero, la placa no siempre está apoyada en todo el
contorno; puede tener algún trozo de él sin apoyo, lo que da lugar a
estados tensionales y cálculos complicados; e, incluso, puede ir apoyada
directamente sobre soportes exentos (fig. IX. 10d), dando lugar a un tipo
especial llamado de placa fungiforme, también típico del hormigón
armado, y con interesantes ventajas para establecer pisos continuos sobre
filas cruzadas de soportes.
Este nuevo tipo tiene dos diferencias esenciales
respecto al de placa apoyada en el contorno. Una de ellas es que, ahora,
la rotura y la deformación pueden producirse sin necesidad geométrica
de provocar flexiones en dos direcciones. En la figura IX. 10f se ve
claramente cómo cabe geométricamente la deformación en forma de
superficie cilíndrica con flexión en una sola dirección.
...
Otro punto, en que esta placa se separa de la apoyada en
el contorno, es en la importancia relativa del esfuerzo cortante. Ahora,
la carga de cada recuadro se concentra en el perímetro, relativamente
pequeño, del soporte; y éste podría taladrar con facilidad la placa si
no fuese porque, para evitar este peligro, se le provee de un fuerte
capitel encargado de aumentar el perímetro, no sólo resistente a
esfuerzos cortantes, sino también a la flexión que se concentra, en
gran parte, junto al soporte; o mejor dicho, que ha de presentar sus
valores máximos a lo largo de este perímetro, como se comprende
fácilmente ...
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