La construcción romana, materiales y técnicas

Jean-Pierre Adam

Editorial de los Oficios, León, 1996
ed. Grands Manuels Picard 1989

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Les planchers, les plafonds (en el original)

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La solución adoptada [...] , consiste en colocar una fila de vigas apoyadas sobre un vuelo del muro o en empotramientos preparados en la mampostería.

Estas vigas tienen una sección muy variable en función de su luz o de la calidad de la madera. He aquí algunas de las dimensiones recogidas en casas pompeyanas:

 anchura altura  intervalo  localización
 14 34  28  VI-1-8
 15,5 29  29,5  portico Oeste foro
 17 25  28  IX-6-1
 14 à 18 (rollos)    25  IX-6-1

Los orificios de apoyo con frecuencia están cuidadosamente preparados con recuadros de cerámica que aislan la madera de la mampostería y permiten, eventualmente, sustituirla con facilidad.

Algunas vigas eran utilizadas con su sección circular natural, lo cual permite el uso de piezas de poco diámetro; en este caso, su diámetro se recibía en la mampostería del muro.

Sobre estas vigas y perpendicularmente a ellas se colocaba, simplemente posado o bien clavado, un suelo o entarimado de tablas unidas por los bordes que constituía, no un plano de circulación (salvo, probablemente en los edificios rústicos, a pesar de que no tengamos ningún testimonio), sino un plano de soporte. Sobre este suelo, en efecto, se aplicaba una capa de mortero de 15 a 30 cm de grosor que a su vez se recibía un revestimiento de circulación de opus signinum (argamasa que incluía cascajos de piedra y de cerámica) o de mosaico ...

A modo de ejemplo podemos citar el suelo de la planta superior de la casa nº 20 del Decumanus Maximus de Herculano que nos da las dimensiones siguientes:vigas 17,5 x 13 cm ; luz 5m ; grosor de suelo 2,8 cm ; grosor capa y hormigón de tejoleta 28,5 cm

Visible solamente en Herculano y Pompeya, esta técnica debía estar perfetamente generalizada ya que Vitruvio nos da de ella una descripción conforme en todos sus puntos a estos ejemplos conservados (VII, 1).

Este autor da, además, unas recomendaciones no comprobadas pero que seguramente serían de uso corriente, como la que consiste en extender sobre el entarimado una capa de helecho o de paja antes de colar la losa de mortero, y esto con el fin de que la madera no estuviera en contacto directo con la cal.

Este tipo de procedimeinto daba suelos extremadamente pesados que justificaban la densidad de las vigas, como se puede comprobar sobre todo en Pompeya; su ventaja, residía en el excelente aislamiento que proporcionaba, así como en la función de encadenamiento entre los muros que desempeñaban estas redes de vigas tan cargadas.

Cuando el espacio que hay que salvar supera los 5 metros, la necesidad de aumentar la sección de las vigas podía hacer que el consumo de madera fuera excesivo, razón por la cual se conserva dicha sección de las vigas, pero asegurandose un apoyo complementario que limita su luz. Este apoyo o estos apoyos, dependiendo de las dimensiones de la sala, estaban constituidos por uno o varios parales o jácenas de fuerte sección, que iban de un muro a otro según la anchura y recibían el plano de las correas o durmientes.

En las estancias en las que se residía, se solía disimular las correas o las vigas mediante un techo que pudiera recibir una decoración . Se clavaban , pues, bajo las correas unas piezas de madera de reducida sección que podían forrarse con cañas de junco y sobre las que se extendía un enlucido (operación que se llama jaharrado) que a su vez soportaba una o dos capas más, y en las que se podía crear una decoración de relieve más o menos pronunciado.

Los visitantes de las ciudades del Vesubio observan que muchas estancias están cubiertas con bóvedas que son a veces compuestas, pero generalmente muy bajas y, a menudo, enigmáticamente desprovistas de puntos de apoyo. Estas bóvedas no son tales en realidad, sino que se trata sencillamente de techos encamonados o camararum , como los llama Vitruvio en el capítulo dedicado a los techos (VII, 3).

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