Arte de Albañilería

Juan de Villanueva

1827


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De los suelos y techos de las habitaciones, entrevigados

Los suelos y techos de las habitaciones formados con las vigas de madera, y entrevigados con albañilería, son de tres modos. Primero, los que se forjan con cascote y yeso, llenando todo el vacío entre madero y madero, de suerte que por arriba formen piso, y por abajo techo. Segundo, los que se forjan de bovedillas, que por arriba forman piso, y por abajo quedan descubiertas, así ellas como las maderas. Y el tercero, los que tienen bovedillas para el piso, y por abajo un tabiquillo ó enlistonado para formar cielo raso.

Para forjar los suelos con cascote se enredan y tejen con tomiza los maderos, que regularmente suelen estar á distancia uno de otro del grueso de uno de ellos, de modo que la tomiza se cruce en medio de los vanos. Por la parte inferior se fija contra los maderos con clavos un tablero de tres ó cuatro tablas para que contenga los materiales que se han de echar en los mismos vacíos. Despues por la parte de arriba se van echando sobre los tableros entre las tomizas los citados materiales de yeso y cascote del menos pesado, mezclados y trabados uno con otro, y forja por arriba el suelo, y por abajo queda hecho el plano para el cielo raso. Concluida una tanda, se desclava el tablero, se lleva mas adelante, y se forma otra. Este modo, aunque de fácil construcción, no es ventajoso, á causa de que el relleno entre viga y viga aumenta mucho el peso de los suelos, por cuyo motivo se debe preferir el forjado de bovedillas.

Este se hace valiéndose de una formaleta llamada galapago, que se compone de dos maderillos unidos con goznes, que forman por arriba un cuarto círculo, poco mas ó menos . Colócase ésta entre viga y viga á el alto que están hechas unas mochetillas en ellos, asegurándola de prestado con unos clavos, por encima se llena y forja el hueco que dejan hasta enrasar con las vigas con cascote menudo y yeso. Fraguado éste, se quita el galapafo, y se pasa mas adelante, si de una vez no se forja toda la bovedilla. Lleno un vano, se pasa á hacer otro, y así sucesivamente se remata todo el suelo, y los galapagos dejan formado por abajo un cañon de bovedilla del ancho y vano que tienen las vigas entre sí. Este ancho suele ser variable, pues las vigas unas veces se colocan muy espesas, otras muy claras; pero la práctica del día en Madrid es de poco mas del grueso de la viga. En obras viejas se hallan de pie y medio, dos pies, y tambien de tres. Donde el yeso es de buena calidad y fortaleza, bien guarnecidas y blanqueadas las bovedillas, es obra que parece bien, y no carga ni acrecienta mucho el peso de los suelos.

Para poder hacer los suelos de cielo raso con alguna ligereza, y que no consuman tanto material, se forjan en bovedilla como acabamos de decir, y contra las mochetas de las vigas se clavan unos clavos tabaques, y en ellos se enredan y tejen las tomizas. Pónese contra las vigas por debajo una tabla, ó tablero de dos tablas, solas, que coja todas las bovedillas que pueda con su largo, y asegurándole para que esté firme, se va echando yeso con la mano sobre las tablas, por el hueco que hay entre ellas y la bovedilla, formando un tabiquillo que guarnezca la tomiza enredada. Hechos ya todos los que coje el tablero, se muda éste, y pasa más adelante, hasta que se remata todo el techo; pero como al fin de cada bovedilla quedaraá un pequeño vacío indispensable para introducir el brazo y formar la penúltima tanda, se cerrará ésta despues con entomizado bien espeso, untando poco á poco la tomiza, y engruesándola hasta tanto que cierre todos los claros

Formando así todo el techo, se guarnece por debajo cubriendo con yeso las superficies de las vigas, queda el cielo formado, y con toda ligereza posible. este modo, aunque algo engorroso, es de mucho alivio para las maderas de los suelos, porque los vacíos que se dejan entre las bovedillas y el cielo los aligera mucho, y en el coste puede haber poca diferencia á el forjado. También los aligera el tercer modo, que es el cielo raso enlistonado, y se hace con más facilidad; pero tambien es muy expuesto a formar hendiduras. Se forma clavando por abajo en las vigas listones de tablas delgadas entomizados á distancia de un dedo uno de otro, y arrojando contra ellos el yeso, se agarra y fragua de modo, que se puede igualar y allanar formando un cielo perfectamente raso.

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