ELEMENTOS PARA UNA PROSPECTIVA MINIMA DEL CONFLICTO EN EL CAUCA

- documento de trabajo –

Carlos Ariel Ruiz Sánchez

FUNCOP CAUCA

1. PRESENTACION

 

Hablar del conflicto, la guerra y de otros fenómenos similares tiene, entre otras, la dificultad de que carecemos de un lenguaje adecuado para describirlos y hacerlos inteligibles. Esta prosa cruel no habilita poesía alguna. No hay adjetiva que exceda los extremos a los que periódicamente llegamos.

 

Los medios de comunicación se debaten entre el amarillismo y las imágenes en blanco y negro; los académicos han adoptado una especie de asepsia analítica y unos ejercicios especulativos de prospección, ahogados en esta incertidumbre desquiciante; los políticos exhiben una mixtura de cinismo e ingenuidad; los Derechos Humanos no tienen aun el poder comunicativo y movilizador que debieran; y el ciudadano del común naufraga en la catastrófica lógica del almendrón.

 

En este corto documento nos proponemos hacer para el Cauca una aproximación muy preliminar a las características de ese conflicto objeto del Plan Colombia, es decir, el narcotráfico y la guerra, con el único propósito de intuir algunos eventuales efectos en las regiones y, por su puesto, en la población.

 

2. HACIA UNA CARACTERIZACION DEL CONFLICTO EN EL CAUCA.

 

Si bien el conflicto colombiano muestra unas tendencias generales, como el cambio de una táctica de guerrilla a una guerra de posiciones, el fortalecimiento político y militar de la guerrilla y de las llamadas autodefensas, la acentuada interdependencia entre conflicto armado, narcotráfico y  delincuencia organizada en general, y la internacionalización de los diálogos de paz, compartimos con muchos estudiosos la hipótesis de que dicho conflicto adopta unas singularidades regionales, básicamente por las siguientes razones:

 

    La incuestionable existencia de las regiones adquiere en Colombia unas dimensiones harto problemáticas, en buena parte por la precaria integración nacional y el demostrado marginamiento de departamentos y municipios.

    En las regiones han prosperado unas estructuras de poder que, a su manera, han virtualizado el proyecto de Estado – Nación en unas formas clientelistas de adhesión y control sociales.

    Las estrategias descentralizadas de financiamiento de los distintos agentes armados, sin duda permite su articulación a las estructuras económicas regionales mediante, por ejemplo, el control del cultivo y producción de drogas, la alianza con narcotraficantes, el apoyo económico de empresarios y grandes propietarios de tierra.

 

En el caso específico del departamento del Cauca, creemos que la concreción estructural del conflicto está dada por la siguiente característica: a diferencia de otros departamentos, el Cauca es predominantemente rural; incluso a escenificado fenómenos intensos de recomposición de economías campesinas e indígenas, mediante procesos de recuperación de tierras y ampliación de territorios que, de suyo, han modificado significativamente la estructura de posesión y tenencia en los últimos 30 años. Esta circunstancia se traduce en:

 

  1. El predominio de microminifundios y de unas demandas frustradas de acceder a la tierra por parte de miles de familias, configurando el sustrato de un crónico problema agrario, expresado en parte en el protagonismo de movimientos y organizaciones sociales (como AGROPEMCA, CIMA, MOVIMIENTO DEL SUROCCIDENTE COLOMBIANO, CRIC, entre otros) que han hecho de las movilizaciones y de la toma de la vía panamericana una forma de empoderamiento para la negociación con el Estado y la conquista de espacios públicos.
  2. Una alta vulnerabilidad a los efectos perversos de la apertura económica, que ciertamente coloca las economías agrarias en una situación de franca desventaja competitiva.
  3. La territorialización de las identidades y autonomías indígenas, en el sentido que el sistema de propiedad colectiva de los resguardos, al devenir en una condición sine qua de la identidad, constituye una frontera dinámica y en expansión. De hecho, los territorios indígenas de las 7 etnias existentes comprenden 61 resguardos, 28 comunidades civiles y 598.365 hectáreas, equivalentes al 20,4% del departamento.
  4. Una notable importancia de la cuestión ambiental, si se tiene en cuenta que el 86,6% del territorio caucano corresponde a 5 ecosistemas estratégicos, todos de una gran fragilidad[1].
  5. Predominio de subregiones, precariamente articuladas alrededor de un proyecto político territorial llamado “departamento del Cauca”.

 

Dentro de estas condiciones, el conflicto en el Cauca adquiere tres singularidades, a saber:

 

    1. Vinculación de economías regionales y familiares a los cultivos de coca y amapola y a la producción de drogas.
    2. Control estratégico de corredores y fronteras por parte de la guerrilla.
    3. Incursión permanente y ocasional de grupos paramilitares.

 

 

 

 

 

 

2.1. Vinculación de economías regionales y familiares a los cultivos y productos ilícitos.

 

En el departamento del Cauca han prosperado las economías ilícitas de la coca y la amapola, de una manera tal que además de comprometer franjas importantes de la población, también constituyen unos polos diferenciados de conflictividad, en tanto se inscriben en estructuras regionales y sociales específicas.

 

Los enclaves de la coca se encuentran principalmente en la Baja Bota caucana, fronteriza con el Putumayo, Balboa, Argelia, El Tambo, Buenos Aires y, en menor proporción, Mercaderes y Bolívar. Como sucede en las otras regiones cocaleras del país, estas plantaciones están estrechamente vinculadas a una población flotante de colonos y eventureros, a la apertura de nuevas fronteras mediante la destrucción de la vegetación nativa, al control directo y monopolístico de medianos narcotraficantes, a grandes extensiones de propiedad o, cuando menos, de posesión de tierra y a la incidencia permanente de la guerrilla sobre la producción y tráfico de cocaína y demás asuntos cotidianos de la convivencia social.

 

Si bien proliferan laboratorios artesanales de pasta de coca en todas estas regiones, la producción de cocaína tiende a concentrarse en narcotraficantes que se encargan directamente de su embarque, bien sea por la ruta de Ecuador, la ruta de Buenaventura (Valle del Cauca) o a través de las otras redes que manejan los herederos del Cartel de Cali y Norte del Valle.

 

Precisamente la proximidad con el Valle, permite explicar que en el norte del Cauca (en los municipios de Suárez, Buenos Aires, Santander, Caloto, Corinto) se concentre una buena parte de los laboratorios de cocaína, no obstante ser relativamente escasas las plantaciones de coca; lo cual supone la existencia de unas rutas internas, que efectivamente pasan por los caminos de herradura y carreteras periféricas, evadiendo siempre que sea posible la capital del departamento.

 

Los cultivos de amapola, a diferencia de los cultivos de coca, se inscriben en economías domésticas establecidas pero deficitarias, con un patrón de organización y trabajo extensivo típico de los andes, en el que los prolongados ciclos productivos agrícolas han sido cultural y artesanalmente mitigados mediante el control microvertical de pisos térmicos, la rotación de lotes, la asociación de cultivos, la polifuncionalidad de los mismos, el almacenamiento de excedentes, la reciprocidad comunal, etcétera; de tal suerte que no altera de manera dramática el sistema de propiedad, sino que, por el contrario, contribuye de manera ocasional a liberar demandas y necesidades reprimidas en torno a la generación de ingreso, la ampliación de expectativas económicas bajo condiciones de franca estrechez, entre otros.

 

Contrario a lo que sucede en otras zonas del país, en el Cauca las plantaciones de amapola no son en su mayoría ni promovidas ni controladas directamente por los narcotraficantes. En consecuencia, en el Cauca no es típica, por ahora, una disputa  territorial por el control de la producción, sino que por el contrario se impone una abigarrada red de intermediación que se tiende a cerrar de una forma piramidal en la medida que se aproxima a los laboratorios y, en espacial, a los sitios de embarque, controlados sí por poderosos carteles. Concomitante con esto, lo usual es la presencia de pequeños y medianos “negociantes” provenientes del Putumayo, Huila, Valle, Viejo Caldas, Medellín y Bogotá.

 

Así mismo, los cultivos de amapola, hacen presencia en una parte importante de los territorios indígenas localizados en las distintas vertientes de la Cordillera Central y en el Macizo. De hecho, si cotejamos la distribución de los cultivos ilícitos con la participación relativa de los indígenas andinos, podemos observar que ambas realidades se cruzan dentro de un juego de implicaciones solidarias entre sí.

 

Es virtualmente imposible establecer con exactitud la totalidad de hectáreas sembradas de amapola, no solo por las razones arriba expuestas, sino también porque, de suyo, es un cultivo temporal (de 5 a 6 meses), que suele ser asociado con cultivos tradicionales (maíz, papa, hortalizas); de tal forma que entre un periodo y otro las áreas rotuladas varían dentro de unos parámetros muy amplios, pues además inciden condiciones ambientales, factores sanitarios, agotamiento del suelo, disponibilidad de tierra, etcétera.

 

Si bien el precio local del gramo de opio (látex o mancha) fluctúa entre $250 y $550 y el precio del gramo de morfina entre $8000 y $15000, siempre es posible asegurar un margen importante de utilidad gracias a la elasticidad de la estructura de costos de los cultivos, pues por lo general el rubro más oneroso es el correspondiente a la mano de obra, variable ésta que en momentos críticos puede ser subsidiada acudiendo a las formas solidarias de organización del trabajo,  como el préstamo de trabajo y el empleo de toda la familia.

 

La transformación de opio en morfina se hace in situ y no requiere de sofisticados conocimientos y tecnologías. De hecho, los “laboratorios”son, más bien, un pequeño arsenal de ollas, baldes, cintas de PH y algunos precursores químicos de fácil consecución. Esta cualidad ha contribuido a que la producción de morfina sea itinerante, tienda a ser asumida por los mismos cultivadores y descanse en manos de personas de las mismas comunidades locales, contribuyendo a recrear relaciones vecinales y de parentesco, dentro de las que se espera mayores niveles de confianza y solidaridad, tan importantes para sortear el riesgo de eventuales adulteraciones de la “mercancía”.

 

El rendimiento óptimo comprobado del opio es del 5%, es decir, que de 1 kilo de látex (que fácilmente puede costar $400.000) se pueden obtener 50 gramos de morfina (a un precio de $800.000). No obstante, está comprobado que tales rendimientos son relativos al tipo de terreno en el que se hace el cultivo, las técnicas del mismo e, incluso, el piso altitudinal. Así, si el material proviene de un terreno abonado, o de un piso térmico cercano a los 3000 msnm, o de un suelo cansado, los rendimientos pueden estar alrededor del 2% o 3%; y viceversa, si proviene de un suelo descansado o de un rango altitudinal cercano a los 1700 msnm, el rendimiento puede ascender al 6% o 7%. En todos los casos no superan los estándares reportados del opio asiático, que fluctúan entre el 12% y 16%.

 

De cualquier modo, el mercado de las drogas derivadas de la amapola colombiana está suficientemente asegurado por las siguientes razones: a) la infraestructura del tráfico de la cocaína (de los carteles de Cali, Norte del valle, Pereira y Medellín) ha quedado también al servicio del tráfico de morfina y heroína, no solo porque puede ser 4 o 6 veces más rentable que la anterior, sino porque, por sus mismas características, ha permitido la incursión de nuevos agentes sociales al negocio, configurando una abigarrada red de relaciones e intermediaciones altamente flexible y de una enorme capacidad de recomposición; b) el número de consumidores de heroína de Estados Unidos en los años 90 se ha pasado de 700 mil a 1.200.000; c) la heroína es quizá la droga que más tolerancia genera en el organismo del consumidor, por lo que cada vez  requiere de una dosis mayor para acceder a las éxtasis anteriores.

 

La correlación cultivos ilícitos, producción y tráfico de drogas derivadas de la amapola con el conflicto armado no es tan fuerte como sucede con la coca y sus derivados. Sin embargo, es un hecho que en algunas localidades la guerrilla ha defendido los cultivos de amapola como una alternativa legítima de campesinos e indígenas, al igual que ha tributado sobre la producción de morfina (llegando en la actualidad a cobrar $1.250.000 por kilo,) y brindado protección a algunas plantaciones de más de 5 hectáreas.

 

 

2.2. Control estratégico de corredores y fronteras por parte de la guerrilla.

 

En el departamento del Cauca se ha operado una suerte de distribución territorial en lo relativo a la incidencia de los grupos insurgentes, que no obstante tiende a alterarse, primero, por el conflicto que recientemente ha surgido entre las FARC Y el ELN, por el control territorial de algunas fronteras consideradas estratégicas, y, segundo, por la presencia de grupos paramilitares en localidades donde o pueden garantizar fuentes de financiamiento o pueden proyectar sus estrategias políticas y militares, fraguadas en departamentos vecinos.

 

Lo cierto es que podemos hablar de  corredores estratégicos para las operaciones de los grupos insurgentes:

    Bota caucana, pues comunica con la zona de distensión y con la frontera colombo – ecuatoriana, por donde se presume entran uniformes y material de guerra. Es un área de descanso y aprovisionamiento.

    Macizo colombiano – vía panamericana – Argelia - Tambo, que comunica con El Pacífico, pasando por importantes plantaciones de coca, que, se sabe, están fuertemente condicionadas por la guerrilla de las FARC. Adicionalmente, pueden tributar sobre algunas actividades relacionadas con la producción y tráfico de morfina.

    Vía panamericana, particularmente en los puntos críticos de Mondomo, Tunía y El Mango, donde efectivamente pueden, y ocasionalmente han logrado, incomunicar el sur  con el resto del país, logrando el triple efecto de, primero, dar la sensación de un amplio control regional, segundo, vulnerar la despensa del Valle del cauca, y, tercero, sitiar a Popayán y, en general, toda la zona centro, donde históricamente se han concentrado las instituciones del Estado y los intereses de las elites tradicionales.

    Vertiente occidental de la cordillera central, por donde se descuelgan a la panamericana, a la zona centro y, en especial a la zona norte, enclave de desarrollo capitalista directamente vinculado a los sectores empresariales del Valle del Cauca y de algunas trasnacionales, que amparados en la Ley Páez, incrementaron sus inversiones en la región y, con ello, los planes de seguridad. Como decíamos más arriba,  el norte es donde se tienden a concentrar los laboratorios de cocaína y, aun, de heroína, frecuentemente usufructuados por los grupos armados.

    Buenos Aires – Río Naya, particularmente importante porque comunica con el eje de Argelia y con  El Pacífico de Buenaventura y del Chocó, a través del río San Juan y, más arriba, por el río Atrato, escenario de tráfico de armas y drogas, como también de una aguerrida disputa con los paramilitares de Antioquia y Urabá.

 

Desde otro punto de vista, un análisis de prensa, hecho por nosotros, de las incursiones y enfrentamientos armados en el Cauca, durante los primero 10 meses, nos ha permitido apreciar la intensidad de este tipo de conflicto, como también su incidencia regional.

 

Para fines analíticos diferenciamos las tomas e incursiones, de las confrontaciones armadas, pues si bien uno y otro fenómeno suelen estar relacionados, observan unas diferencias cualitativas importantes para poder interpretar la tendencia del conflicto armado en el departamento.

 
De acuerdo al  cuadro No.1, durante los primeros diez meses de 1999, se presentaron 36 tomas e incursiones armadas, de las cuales las FARC fue responsable del  44%, seguido por la delincuencia común con un 28%. Al respecto, conviene observar, primero, que el promedio de estos eventos fue de 3,6/mes, equivalentes a aproximadamente uno por semana; y, segundo, que la presunta delincuencia acusa una notable capacidad operativa harto preocupante, si se tiene en cuenta no solo el efecto de inseguridad que genera, sino también que pueden constituirse en el sustrato social de un paramilitarismo que, bajo ciertas circunstancias, se apoya en este tipo de organizaciones.

 

 

 
 
 
 
Cuadro No 1.
Tomas e incursiones armadas en el Cauca. enero - octubre de 1999

 

Organización

No. De tomas

FARC

16

ELN

4

JAIME B.C.

1

PIRATAS

10

NO PRECISA

5

TOTAL 

36

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una desagragación de estas estadísticas a nivel subregional (ver cuadro No. 2), confirma la importancia que tiene la zona centro del departamento para estos operativos armados. En ella, se presentó el 41% de incursiones, seguida de lejos por el sur y el norte, que de cualquier manera suman (las tres) el 77%.

 

Este triste comportamiento, prefigura unas fronteras y unas poblaciones altamente vulnerables a acciones como  secuestros, asaltos en carretera e intimidaciones, particularmente en los históricamente prósperos valles interandinos de el Río Cauca  (norte), de Pubenza  (centro) y de Patía (sur), y, por su puesto, el eje de la vía panamericana que los une.

 

El golpe a la infraestructura institucional y económica que en estas regiones se concentra, tiene, además, el efecto simbólico y fáctico de sitiar el centro urbano de Popayán, cuna de grandes  intereses y tradiciones familiares y políticas, que efectivamente se han visto afectados, agudizando su consabida decadencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro No. 2

Tomas e incursiones armadas. Frecuencia por subregión. enero - octubre de 1999

 

SUBREGION

No. DE TOMAS

*

NORTE

6

CENTRO

15

SUR

7

MACIZO

2

ORIENTE

2

PACIFICO

0

BOTA C.

0

NO INFORMA

4

TOTAL

36

 

 

 

 

 

De otro lado, de los 39 municipios que entonces el Cauca tenía, 15  (38,5%) se vieron afectados por el fenómeno de las incursiones armadas, 6 de los cuales se pueden considerar de una alta incidencia (con más de 3 eventos), correspondientes en su mayoría al eje centro – sur. (ver cuadro No. 3)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro No. 3.

Tomas e incursiones por municipio (enero – octubre de 1999)

 

MUNICIPIO

TOMAS ARMADAS

Bordo/Patía

4

Tambo

3

Piendamó

3

Mercaderes

3

Miranda

3

Timbío

3

Morales

2

Cajibío

2

Rosas

2

Silvia

2

Totoró

1

Santander

1

Caloto

1

Bolívar

1

Suárez

1

No Precisa

4

TOTAL

36

 

 

Ahora bien, si observamos el comportamiento de los enfrentamientos armados, encontramos que de los 36 registrados, 29 correspondieron a choques sostenidos entre Fuerzas Armadas y guerrilla de las FARC (ver cuadro No. 4), equivalentes al 80% del total.

 

Llama la atención la poca participación del ELN, que comparada  con su notable presencia en algunas regiones y localidades, permite suponer que su incidencia se ubica en un campo distinto al estrictamente armado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro No. 4.

ENFRENTAMIENTOS ARMADOS EN EL CAUCA SEGÚN ACTORES. Enero - octubre de 1999

 

 

ACTORES

ENFRENTAMIENTOS

%

 

Farc - FFAA

29

80,6

ELN - FFAA

2

5,6

Delincuencia - FFAA

2

5,6

No Precisa

3

8,3

TOTAL

36

100,1

 

 

Desde el punto de vista subregional (ver cuadro No. 5), tenemos que el centro es también el principal escenario de confrontaciones, lo cual se explica por la fuerte correlación que éstas guardan con las incursiones que le suelen preceder y por la capacidad de respuesta que las fuerzas armadas observan, favorecidas por las condiciones de proximidad a las bases.

 

Sin embargo, a diferencia de las incursiones armadas, las regiones de Oriente y Macizo sí tienen una importante participación como escenario de enfrentamientos, muy seguramente porque el repliegue de la guerrilla, que sigue a cada toma, implica un “atrincheramiento”en aquellas zonas que le ofrezcan mejores condiciones para resistir la avanzada de las fuerzas militares.

 

 

Cuadro No. 5.

Enfrentamientos por subregión en el cauca